La producción de Amaro di Sant'Antimo ha sido transmitida a lo largo de los siglos por los monjes benedictinos de la Abadía de Sant'Antimo. Fundada en el siglo IX y posteriormente reconstruida en el siglo XII, la abadía es un maravilloso ejemplo de arquitectura románica. Inmersa en un paisaje pintoresco, caracterizado por olivares, campos de trigo y plantas de Carlina acaulis, la abadía es un lugar de espiritualidad y artesanía.Cuenta la leyenda que durante su viaje a Roma, Carlomagno, afligido por la peste, se detuvo cerca de la abadía de Sant'Antimo. Cansado y preocupado por esta calamidad, se disponía a descansar cuando, sorprendentemente, se le apareció un ángel. El ángel le habló con voz tranquila y le dijo: "Levántate, y cuando hayas subido esa colina, dispara una flecha y golpea la hierba en cuya raíz se clavará la flecha. Después, tuesta la hierba en el fuego, redúcela a polvo y haz que tu enfermo la beba en vino. Esta bebida milagrosa les quitará todo el veneno y elevará la moral de tu ejército.Dudoso al principio, Carlomagno decidió seguir las instrucciones del ángel, convencido por la urgencia y la esperanza de salvar a sus tropas. Subió a la colina indicada y, con un tiro preciso, lanzó la flecha hacia la hierba especificada. La flecha se clavó en la raíz de la hierba, dejando una marca indeleble.Carlomagno recogió la hierba, la tostó sobre el fuego y la molió hasta convertirla en polvo fino. Luego, siguiendo las palabras del ángel, mezcló el polvo con el vino amargo e hizo que los enfermos lo bebieran.Milagrosamente, el amargo de San Antimo, elaborado con la hierba con propiedades curativas, curó a los soldados enfermos de peste. Su salud mejoró rápidamente y la moral del ejército se reavivó. Como muestra de gratitud por este extraordinario acontecimiento, Carlomagno ordenó la construcción de una iglesia en el actual emplazamiento de la abadía de San Antimo.A partir de entonces, los monjes de la abadía de Sant'Antimo siguieron cultivando la Carlina acaulis y utilizándola como ingrediente principal para crear el Amaro di Sant'Antimo.Esta bebida amarga, con su sabor característico que recuerda a la garra del cardo, se ha convertido en un símbolo de curación y tradición monástica en la región toscana.Hoy en día, cuando los visitantes y peregrinos se acercan a la abadía de Sant'Antimo, aún pueden ver a los monjes trabajando la tierra, cultivando las plantas y preparando el Amaro di Sant'Antimo según antiguas recetas transmitidas durante siglos. Además del amargo, en la farmacia de la abadía se pueden adquirir otros productos artesanales elaborados por los monjes, como cosméticos, dulces y cerveza. El vínculo entre la Abadía de Sant'Antimo, la leyenda de Carlomagno y el Amaro di Sant'Antimo sigue vivo, perpetuando la historia y el sabor de esta bebida única y curativa.