El origen de la Basílica del Espíritu Santo comienza cuando los inmigrantes llegados a finales del siglo XIX promovieron la creación de una capilla dedicada a la Virgen de Guadalupe, patrona de México y Filipinas y considerada la "emperatriz de América". En 1890 una familia apellidada Figueroa construyó una capilla en honor a Guadalupe.
A falta de sede, Monseñor Aneiros les ofreció en 1894, a la Congregación del Verbo Divino , (fundada hoy por San Arnoldo Janssen el 8 de septiembre de 1875 en Steyl, una pequeña ciudad de Holanda, cerca de la frontera con Alemania) que se encontraba en el país desde 1889, la capilla para que les sirviera de sede.
Allí, la viceparroquia de Gral. Las Heras (nombre de la parroquia como jurisdicción civil) comenzó a funcionar el 1 de noviembre de 1896. En pocos años, la capilla ya quedaba chica para el barrio. Por eso decidieron construir el nuevo templo.
La piedra fundamental (está detrás del altar mayor) fue colocada en 1901 e inaugurada en 1907, por orden del fundador de la Congregación, el nuevo templo sería dedicado al Espíritu Santo.
Fue declarada basílica el 30 de octubre de 1940 por el Papa Pío XII, "por su belleza y amplitud". La imagen de la Virgen fue traída de México.
La Basílica del Espíritu Santo impacta en el exterior donde destacan las dos torres que miden 54 metros de altura. Con una ligera tendencia gótica expuesta a esa altura, en cada una de ellas hay un imponente reloj, cuya máquina es de origen alemán. El carillón tiene tres campanas. Sobre los relojes están los campanarios propiamente dichos que contienen cinco campanas fundidas en la ciudad de Bochum, también en Alemania.