Cuando se creó el lago artificial, las aguas inundaron un pequeño pueblo y hubo que evacuar a todos sus habitantes. Para la producción de energía hidroeléctrica, se decidió explotar los lagos Resia di Curon y San Valentino alla Muta. La creación de un gran dique unió los dos primeros lagos anteriores y sumergió los pueblos de Curon y partes de Resia, así como los antiguos pueblos de Arlung, Piz, Gorf y Stockerhöfe. Los habitantes de estos pueblos se vieron obligados a abandonar sus hogares y sus tierras. En el verano de 1950, el proyecto se completó, los edificios se destruyeron y finalmente se sumergieron en el agua. Sólo la torre de la iglesia románica, que data del siglo XIV, se salvó porque está bajo protección monumental. Dependiendo del nivel del agua, la parte superior del campanario sigue siendo visible hoy en día. El acontecimiento está envuelto en muchas leyendas, pero no es la única razón por la que el lago es un destino popular para viajes y excursiones.
La leyenda cuenta que, en determinados días, las campanas del campanario aún pueden oírse sonar desde el fondo del lago.
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