La Maison Pfister es uno de los edificios más emblemáticos y fotogénicos de Colmar, una auténtica joya de la arquitectura renacentista alsaciana que se alza orgullosa en la esquina de la Rue des Marchands. Construida en 1537 para un rico sombrerero llamado Ludwig Scherer, esta casa combina una estructura gótica con detalles renacentistas, y marcó la transición de la ciudad hacia una nueva era artística.
A pesar de su nombre, la familia Pfister no fue propietaria de la casa hasta el siglo XIX. Su fama se debe no sólo a su insólita arquitectura -con sus pisos superiores con entramado de madera, su torreón octogonal y su largo balcón de madera-, sino también a su increíble fachada. El exterior está adornado con frescos ricamente pintados que representan figuras bíblicas, emperadores alemanes y escenas alegóricas que celebran la justicia, la sabiduría y la fe, mensajes visuales que pretendían reflejar los valores morales durante el turbulento periodo de la Reforma.
Todos los ángulos de la casa invitan a la curiosidad: vigas de madera tallada, un mirador de piedra bellamente envejecido e incluso un pequeño mirador desde el que los ciudadanos importantes saludaban a la calle. En aquella época, poseer una residencia de este tipo era un símbolo tanto de orgullo cívico como de poder financiero.
La Casa Pfister es algo más que una bella vista: se ha convertido en testigo mudo de siglos de cambios sociales y artísticos en Colmar. Y aunque ya no está abierta al público como residencia, su planta baja acoge a menudo tiendas de artesanía o exposiciones. Sigue siendo una parada obligada para los amantes de la historia y para cualquiera que tenga una cámara: el juego de sombras y ornamentos en una tarde soleada es sencillamente inolvidable.
Colmar.