La Concatedral de San Juan Evangelista es la iglesia más importante de la ciudad y el edificio del que parte la leyenda del origen de Sansepolcro. La primera construcción de la catedral de Sansepolcro se remonta a la primera mitad del siglo XI, dedicada a los Cuatro Evangelistas y al Santo Sepulcro: según la tradición, las reliquias del sepulcro de Cristo fueron transportadas a este lugar desde Tierra Santa por dos peregrinos, Aegidius y Arcaneus. En la misma época se fundó un monasterio a instancias del emperador Enrique II, ampliado posteriormente en 1100 y habitado por monjes camaldulenses desde mediados del siglo XII.
En 1520, a instancias del Papa León X, se creó la diócesis de Sansepolcro, separándola de la de Città di Castello; la abadía se convirtió entonces en la catedral local y se dedicó a San Juan Evangelista, patrón de la ciudad. Desde 1986, la iglesia se ha convertido en co-catedral de la nueva diócesis, de la que forma parte junto con las ciudades de Arezzo y Cortona.
La iglesia tiene una planta basilical del siglo XIV con tres naves; la nave está cubierta por un techo de cerchas (resultado de las obras de restauración de 1934-1943), mientras que las naves laterales tienen bóvedas de crucería. Además del altar mayor, hay otros seis altares, cuatro de ellos situados en las naves laterales, uno en el interior de la Capilla de la Santa Faz y el último al final de la nave derecha.
El interior de la catedral alberga valiosas obras de artistas locales, como el crucifijo de la Santa Faz que data de la época de Carlomagno, el políptico de la resurrección, el tabernáculo de terracota de Andrea della Robbia, la ascensión de Cristo de Perugino, etc.