
En el corazón de Filipinas, entre las ciudades de Angono y Binangonan, se encuentra un lugar de extraordinaria importancia histórica y cultural: los Petroglyphs de Angono. Este sitio, que alberga grabados rupestres que probablemente datan del Neolítico, es considerado la forma de arte más antigua conocida en el país. Con un total de 127 figuras humanas y animales grabadas en una pared rocosa, los petroglyphs ofrecen una ventana única a la vida y las creencias de nuestros antepasados, reflejando símbolos de sanación y magia simpática.
Reconocidos como un Tesoro Cultural Nacional por el Museo Nacional de Filipinas en 1973, los Petroglyphs de Angono no solo representan un importante legado histórico, sino que también son parte de la lista de sitios candidatos para el Patrimonio Mundial de la UNESCO. Su ubicación, a pocos pasos de la urbanización de Metro Manila, los hace accesibles para cualquiera que desee explorar el fascinante pasado de este archipiélago.
Historia y orígenes
Los Petroglyphs de Angono fueron descubiertos en 1965 gracias a un campo scout dirigido por el famoso artista nacional de Filipinas, Carlos V. Francisco. Las inscripciones, que datan de un período anterior al 2000 a.C., muestran figuras estilizadas de seres humanos, ranas y lagartijas, lo que indica que sus creadores tenían una profunda conexión con la naturaleza y sus criaturas. Aunque la erosión ha hecho que algunas figuras sean indistinguibles, el sitio mantiene un encanto atemporal para arqueólogos e historiadores.
El descubrimiento de estos petroglyphs ha suscitado un renovado interés por la cultura precolonial de Filipinas, revelando prácticas artísticas y espirituales que preceden la llegada de los europeos. Estos antiguos signos no son solo obras de arte, sino también documentos históricos que hablan de una sociedad que atribuía significados profundos a símbolos y formas.
