El Monte Serva es una colina herbosa, de aspecto tranquilizador, que cierra el Val Belluna por el noreste, pero que en realidad alcanza la notable altura de 2133 metros sobre el nivel del mar. Cuando en invierno el sol poniente ilumina las laderas nevadas, que adquieren un tono rosado, y desde la ciudad, ya en penumbra, se puede observar su esplendor, o cuando a mediados de junio aparece muy verde, hasta la cima, antes de que la aridez estival le haga perder su brillo a partir de las laderas más secas, la Serva es un verdadero espectáculo. Antaño fue un monte de heno (abajo) y de pastoreo (arriba), por lo tanto de penurias y trabajos; hoy los prados ya no se siegan pero un rebaño de ovejas sigue recorriendo las laderas durante el verano. Esta montaña se encuentra dentro del Parque Nacional, y es una de las zonas más interesantes para la flora y la vegetación, en términos de riqueza y variedad de especies. La montaña cuenta, de hecho, con una historia muy antigua de exploración florística, hasta el punto de que las primeras colecciones botánicas, documentadas en herbarios históricos, se remontan al año 1400. Hay muchas emergencias florísticas dignas de mención: desde los relictos de la flora ártico-alpina (Elyna myosuroides, Chamorchis alpina, Non ti scordar di me nano-Eritrichium nanum), hasta el raro Geranium argenteum, que crece en las crestas barridas por el viento; en los cantiles cabe destacar el Alisso dell'Obir-Alyssum ovirense, mientras que en las zonas más inalteradas de la Crode dei For vegetan bellas y raras especies.