El pintoresco pueblo de Eguisheim es uno de los más bellos de Francia, una joya escondida en medio de colinas cubiertas de viñedos, que en otoño estallan de color. Si se pasea por las estrechas callejuelas en días poco concurridos, podrá sumergirse en una atmósfera antigua. No le costará imaginar el traqueteo de los carruajes sobre el pavimento empedrado, oír los pasos decididos de los caballeros resonando en las murallas o escuchar las densas conversaciones de las damas que caminan en silencio con sus crinolinas. A pesar de su pequeño tamaño, el pueblo de Eguisheim reserva muchas sorpresas a los visitantes: callejuelas pintorescas, rincones encantadores, bodegas donde se pueden degustar y comprar vinos locales, tiendas de artesanía y un ambiente de antaño para saborear. El casco antiguo Una de las características del centro de Eguisheim es la doble muralla, construida con fines defensivos en la época medieval: a partir de ella se extiende un entramado de casas de forma concéntrica. Las estrechas callejuelas están bordeadas de casas con entramado de madera, con balcones llenos de flores y fachadas de colores pastel. No olvide echar un vistazo al interior de los grandes patios medievales, que ahora albergan numerosas bodegas que venden vinos alsacianos de calidad. Si se observan con detenimiento las casas de Eguisheim, se verá que muchas siguen llevando las placas de antiguos oficios como el de panadero, carpintero o viticultor, mientras que otras eran sentidas súplicas de protección divina contra incendios y ataques militares.