Big Ben es uno de los símbolos más icónicos de Londres y del Reino Unido, pero pocos saben que este nombre no se refiere a la torre ni al reloj, sino exclusivamente a la gran campana de 13,7 toneladas (aprox. 13.700 kg) instalada en el campanario del Palacio de Westminster, sede del Parlamento británico (Houses of Parliament).
La torre, situada entre el Támesis, el puente de Westminster y la majestuosa Abadía de Westminster, domina el río y el skyline londinense con su estilo neogótico puro. Hoy se llama oficialmente Elizabeth Tower, renombrada en 2012 con motivo del Jubileo de Diamante de la reina Isabel II (un homenaje paralelo a la cercana Victoria Tower dedicada a la reina Victoria). Antes se conocía simplemente como Clock Tower.
La historia dramática: del gran incendio al renacimiento
La historia moderna de Big Ben comienza con un trágico suceso: el 16 de octubre de 1834, un enorme incendio destruyó gran parte del antiguo Palacio de Westminster (según la leyenda, por estufas sobrecalentadas que quemaban viejos «tally sticks» acumulados durante siglos). El desastre impulsó al Parlamento a convocar un concurso para la reconstrucción. Ganó el proyecto del arquitecto Sir Charles Barry, que imaginó un palacio gótico con una imponente torre reloj para albergar un reloj público.
Barry colaboró con Augustus Welby Pugin, genio del renacimiento gótico, quien diseñó muchos detalles decorativos. El mecanismo del reloj fue diseñado por Edmund Beckett Denison (luego barón Grimthorpe) y el Astrónomo Real George Biddell Airy. Denison inventó el escape de gravedad doble de tres patas, una innovación que hizo el reloj extremadamente preciso a pesar del viento, la lluvia y la nieve.
La campana y sus «cicatrices ocultas»
La primera campana, fundida en 1856 en Stockton-on-Tees por John Warner & Sons, pesaba más de 16 toneladas y se pensaba llamarla «Royal Victoria». Durante las pruebas se agrietó por un martillo demasiado pesado impuesto por Denison (algunos culpan un defecto de fundición). Fue destruida con un peso de hierro de más de una tonelada.
La segunda versión (la actual), fundida el 10 de abril de 1858 y aligerada en unas 2,5 toneladas, fue transportada a Londres en un carro tirado por 16 caballos en una especie de desfile popular con multitudes jubilosas. Instalada en 1859, se agrietó de nuevo meses después (septiembre 1859). En vez de refundirla, la giraron 1/8 de vuelta y montaron un martillo más ligero (unos 200 kg). La grieta nunca se reparó: sigue allí y contribuye al sonido único y ligeramente «desafinado» del famoso bong (en mi natural), icónico en todo el mundo.
Para una precisión milimétrica, aún hoy se añade o quita un antiguo penny (predecimal) al péndulo: cada moneda altera la velocidad en unos 0,4–0,5 segundos por día — ¡un truco victoriano que sigue vigente!
Curiosidades, anécdotas y gemas poco conocidas
- La esfera del reloj está compuesta por 324 piezas de vidrio opalino (pot opal glass) engarzadas en un marco de hierro fundido: una obra artesanal asombrosa.
- Dentro de la torre, además de Big Ben, hay cuatro campanas menores que tocan las Westminster Chimes cada 15 minutos (inspiradas en una frase de Händel y posiblemente en un reloj de Cambridge).
- Durante la Segunda Guerra Mundial, las campanas siguieron sonando (salvo breves pausas de seguridad), convirtiéndose en símbolo de la resistencia británica. Una vez se pararon por error: ¡un obrero reparando daños de bombardeo dejó caer un martillo en los mecanismos!
- Existe un «Little Ben», una miniatura de 2,7 m en hierro fundido cerca de la estación Victoria (1892): una verdadera joya oculta que los turistas suelen ignorar.
- Solo residentes británicos pueden subir los 334 escalones para visitar el interior (con permiso especial del Parlamento): una experiencia muy exclusiva.
Big Ben (o más precisamente, la Elizabeth Tower y su Great Bell) no es solo un reloj: es una obra maestra de la ingeniería victoriana, un símbolo resiliente y una campana imperfecta cuya «cicatriz» de 1859 produce uno de los sonidos más reconocibles del planeta. Si visitas Londres, escucha con atención: ¡ese ligero defecto en el tono es historia viva!