En la región argentina de la Pampa, al sur de Córdoba, se encuentra un insólito monumento natural con forma de guitarra. Conocido como el Bosque de la Guitarra, esta creación sólo es visible desde arriba y se extiende a lo largo de más de 800 metros, formada por más de 7.000 cipreses y eucaliptos.El creador de esta extraordinaria obra de arte es Pedro Martín Ureta, un agricultor argentino de 74 años, que con la ayuda de sus cuatro hijos consiguió transformar esta zona desolada en algo único, impulsado por el deseo de rendir homenaje al fallecimiento de su querida esposa. Graciela Yraizoz murió en 1977, con sólo 25 años, dejando a su marido y a sus hijos sumidos en la más absoluta desesperación. Su sueño siempre había sido vivir con su marido y sus hijos en una finca con forma de guitarra, porque era el instrumento que más amaba.Pedro tardó cinco años en crear este bosque, plantando y cultivando los árboles para que, vistos desde arriba, adoptaran la forma de una guitarra con una estrella en el centro. Para delimitar los contornos utilizó cipreses, mientras que para las cuerdas eligió eucaliptos morados. Hoy, esta pequeña obra maestra, de proporciones precisas y bien compuestas, sigue viva y floreciente gracias a los cuidados diarios de Pedro. Se ha convertido en un templo del amor que aún puede admirarse desde aviones e incluso satélites.Es un lugar que combina la pasión de un hombre por su amada y su dedicación a embellecer la naturaleza circundante. El Bosque de las Guitarras se ha convertido en un símbolo del amor eterno y una atracción única para los visitantes, que pueden admirarlo desde una perspectiva única y fascinante.