Érase una vez un pueblo rural a orillas del río Charente que dio nombre a un licor de fama internacional: el coñac. Dé un paseo por el muelle de la Charente, un punto de partida perfecto para los visitantes que deseen descubrir la historia de esta ciudad y su preciosa bebida. La ciudad y su famoso licor son inseparables. En el siglo XV, la región producía vino. Los holandeses, que se habían establecido aquí para secar los pantanos, comenzaron a destilar.
Sin embargo, no fue hasta el siglo XVII que se inventó la doble destilación y se creó el coñac. Gracias a los comerciantes anglosajones como Martell y Hennessy, la deliciosa bebida fue enviada a la conquista del mundo: primero al Nuevo Mundo, luego a Asia... Hoy en día, el coñac se vende en más de 160 países y se saborea de diferentes maneras: en China añaden agua a su coñac y lo beben con la cena. En Australia, se añade a los cócteles. En Rusia, en las familias acomodadas, reemplaza al vodka y la gente lo bebe puro.