En lo alto del Parque del Cerro de Santa Catalina, en el antiguo barrio de Cimavilla de Gijón, se alza imponente la escultura El Elogio del Horizonte, una obra maestra del artista vasco Eduardo Chillida. Inaugurada en 1990, esta escultura de hormigón se ha convertido en un símbolo no solo de la ciudad, sino también de la relación entre el arte y el entorno natural que la rodea.
La historia de Gijón se remonta a tiempos antiguos, con vestigios de asentamientos celtas y romanos. Fundada como una aldea por los romanos en el siglo I d.C., la ciudad ha sido testigo de numerosos eventos históricos que han moldeado su identidad. Durante la Edad Media, Gijón se consolidó como un puerto importante, y más tarde, en el siglo XIX, se convirtió en un centro industrial clave durante la Revolución Industrial en España. Esta rica historia ha preparado el terreno para que el arte y la cultura florezcan en la ciudad.
El Elogio del Horizonte, con su diseño audaz y monumental, invita a los visitantes a contemplar el paisaje marino y reflexionar sobre la conexión entre el hombre y la naturaleza. La obra, que se extiende sobre 10 metros de altura, está diseñada no solo para ser admirada desde el exterior, sino también desde su interior, donde se crea un espacio de reflexión y diálogo con el horizonte. Chillida, conocido por su enfoque en la materia y el espacio, utiliza el hormigón para evocar una sensación de solidez y permanencia, contrastando con la fluidez del mar que se encuentra a sus pies. Esta escultura es, sin duda, un testimonio del arte contemporáneo que ha encontrado un hogar en el corazón de Gijón.
La cultura local está impregnada de tradiciones y festividades que rinden homenaje a su rica herencia. Uno de los eventos más destacados es la Fiesta de la Ascensión, celebrada en mayo, que incluye una serie de actividades culturales, deportivas y gastronómicas. Durante esta festividad, las calles de Gijón se llenan de música, danzas y una vibrante atmósfera de celebración, donde los habitantes y visitantes se unen para disfrutar de la vida comunitaria. Además, la Semana Negra, un festival literario que celebra la novela negra, atrae a miles de personas cada año y se ha convertido en una cita ineludible para los amantes de la literatura.
La gastronomía de Gijón es un reflejo de su ubicación costera y su rica cultura. Entre los platos más emblemáticos se encuentra la fabada asturiana, un guiso de fabes (frijoles) con chorizo y morcilla, que es reconfortante y sabroso. No se puede dejar de probar el pote asturiano, un guiso de carne y verduras que calienta el alma en los días fríos. La sidra también ocupa un lugar destacado en la cultura local; es un símbolo de la región y se sirve de una manera muy particular, escanciando la bebida desde una altura para potenciar su sabor. Visitar una sidrería es una experiencia imperdible, donde se puede disfrutar de la sidra acompañada de tapas tradicionales.
Entre las curiosidades que Gijón ofrece, destaca el hecho de que la ciudad es el hogar de la Universidad Laboral, un edificio construido durante el régimen franquista en los años 50, diseñado para acoger a jóvenes en riesgo de exclusión social. Hoy en día, se ha convertido en un centro cultural y artístico, donde se realizan exposiciones y eventos. Además, el Jardín Botánico Atlántico, cercano a la ciudad, es un espacio natural que alberga una variedad de flora autóctona y exótica, y es un refugio de biodiversidad que muchos visitantes pasan por alto.
La mejor época para visitar Gijón es durante la primavera y el otoño, cuando el clima es templado y las multitudes son menores. En estos meses, el Parque del Cerro de Santa Catalina se convierte en un lugar ideal para pasear, disfrutar de las vistas al mar y apreciar la inmensidad de El Elogio del Horizonte. Se recomienda llevar una cámara para capturar no solo la escultura, sino también el paisaje que la rodea, lleno de vida y color.
Al planear tu visita, no olvides explorar los alrededores de Cimavilla, con sus calles empedradas y casas de colores, que cuentan historias de un pasado vibrante. Cada rincón tiene su propia narrativa, y perderse en sus laberintos es una aventura en sí misma.
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