Lo que realmente distingue a esta iglesia es una de las leyendas más famosas de Girona; el “Milagro de las Moscas.” Según el relato, en el siglo XIII, mientras las fuerzas francesas asediaban la ciudad, profanaron la tumba de San Narcís en el interior de la basílica. De repente, del cuerpo del santo surgió un enjambre de agresivas moscas negras que atacaron a los invasores, ahuyentándolos aterrorizados.
El milagro fue aclamado como una protección divina, y las moscas se convirtieron en un símbolo de la resistencia y la fe de los gerundenses; un emblema improbable pero perdurable que aún se puede ver en el arte y el folclore locales.
Visitar Sant Feliu es algo más que admirar la arquitectura; es adentrarse en una historia que mezcla fe, mito y desafío, un lugar donde hasta las criaturas más pequeñas cambiaron una vez el destino de una ciudad.