Existen varias leyendas sobre San Romedio y la más conocida es, sin duda, la de un oso. Se dice que el anciano ermitaño Romedio se dirigía a Trento a caballo para encontrarse con el obispo. En un momento dado, el caballo fue mutilado por un oso, Romedio habría domesticado al animal y lo habría montado hasta Trento... El santuario de San Romedio es sin duda uno de los más característicos, no sólo del Trentino, sino de Europa. Desprende un aura de solemnidad y misterio, quizá debido a su increíble ubicación en el centro de un profundo y salvaje desfiladero, en lo alto de un pico rocoso de casi 100 metros de altura. Se trata de un atrevido conjunto arquitectónico formado por nada menos que cinco pequeñas iglesias, construidas en distintas épocas y conectadas por una empinada escalinata. La más antigua fue erigida en la cima de la torre rocosa alrededor del año 1000, donde el ermitaño San Romedio fue enterrado en una tumba de roca. Los demás se construyeron más tarde, en sentido descendente. La fachada exterior del complejo es un ejemplo típico de la arquitectura de Anaune del siglo XVIII, el patio renacentista conduce al edificio que alberga un convento franciscano desde 1948. La entrada al lugar sagrado es un descubrimiento continuo con cinco iglesias diferentes: la pequeña iglesia de Nuestra Señora de los Dolores, la más reciente, construida en acción de gracias por la paz después de la Gran Guerra de 1915-1918, la pequeña iglesia de San Jorge de 1487, la pequeña iglesia de San Miguel de 1514, la iglesia principal de San Romedio construida en 1536 y finalmente la Iglesia Vieja, la que se construyó primero y donde se guardan las reliquias del Santo. A partir del siglo XV, se sucedieron las peregrinaciones de fieles portadores de exvotos, algunos de gran valor y prestancia, que atestiguan el auge del culto al santo, invocado con ocasión de calamidades, desgracias, accidentes, enfermedades y peligros (escapados) de diversa índole.