Este plato ancestral corre el riesgo de desaparecer, sobre todo por la gran dificultad de conseguir uno de sus principales ingredientes: la harina de hierba y guisantes. Su nombre deriva del verbo latino frangere, que significa machacar, picar o moler, y sigue estando muy extendido en la provincia de Teramo y parte de la de Pescara, sobre todo en el valle del Fino. La receta requiere 750 g de harina de garbanzos y garbanzos, 150 g de anchoas, 200 g de pimientos dulces secos, aceite de oliva virgen extra para freír las anchoas y los pimientos dulces secos, y sal. Una variante antigua también incluye la adición de harina de maíz. Se prepara espolvoreando la harina en una cacerola con agua hirviendo ligeramente salada, removiendo todo el tiempo como para la polenta, y cociendo durante unos 45 minutos. Mientras tanto, se enharinan las anchoas saladas y se fríen en aceite de oliva hirviendo. El aceite de la cocción se utiliza para aliñar la "fracchiata", antes de cubrirla con las anchoas fritas. El plato también se suele comer con un aderezo más rico de aceite y ajo y guindilla picados, acompañado de anchoas fritas y pimientos dulces secos, fritos en el mismo aceite que las anchoas. Este plato sabroso y crujiente se remonta a finales del siglo XVII y es un ejemplo de la "cucina povera" regional, que utiliza ingredientes económicos.