Una foca león se acerca a pocos centímetros de tu snorkel, te mira con ojos curiosos y luego se desliza con una pirueta. En las Galápagos, la fauna no ha aprendido a temer al hombre, y esta ausencia de miedo es quizás lo más extraordinario que un viajero puede experimentar. El archipiélago, situado en el Océano Pacífico a unos 1.000 kilómetros de la costa de Ecuador, está compuesto por 13 islas principales, 6 islas menores y decenas de islotes de origen volcánico.
Fue aquí donde Charles Darwin, durante su viaje a bordo del Beagle en 1835, observó las variaciones entre las especies de una isla y otra —pinzones con picos diferentes, tortugas con caparazones de formas distintas— recopilando las observaciones que luego contribuirían a su teoría de la evolución por selección natural, publicada en 1859 con El origen de las especies. El Parque Nacional Galápagos, establecido en 1959 y declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1978, protege hoy aproximadamente el 97% de la superficie terrestre del archipiélago.
Una fauna que no conoce el miedo
Caminar entre las colonias de iguanas marinas en la isla de Fernandina o de Santa Cruz significa moverse lentamente, no por respeto a las reglas — aunque existen, y son estrictas — sino porque los animales simplemente no se mueven. Las iguanas marinas, las únicas lagartijas en el mundo capaces de alimentarse en agua salada, se amontonan sobre las rocas volcánicas negras y te ignoran por completo. Los chorlos dorados y las gaviotas de cola de golondrina anidan a pocos pasos de los senderos señalizados.
Los pinzones de patas azules — conocidos como sule de patas azules, o Sula nebouxii — realizan su danza de cortejo levantando alternativamente las patas de un azul intenso, casi fluorescente. Es un espectáculo que se observa a simple vista, sin binoculares, a una distancia de un metro o menos. En la isla de Española, una de las más meridionales, se encuentran algunas de las colonias más densas de esta especie.
Las tortugas gigantes y el Centro Darwin
Las tortugas gigantes de Galápagos (Chelonoidis niger) pueden vivir más de 100 años y alcanzar un peso superior a 200 kilogramos. En el interior de Santa Cruz, en el área llamada El Chato, es posible observarlas libres en su hábitat natural, mientras se mueven lentamente entre la vegetación de la zona de transición. La visita requiere aproximadamente dos horas y se puede llegar en taxi o en bicicleta desde el pueblo de Puerto Ayora.
En Puerto Ayora también se encuentra la Estación Científica Charles Darwin, fundada en 1964, donde hay un programa activo de cría y reintroducción de tortugas en peligro de extinción. Aquí es posible ver ejemplares de diferentes subespecies en varios estadios de crecimiento. La estación está abierta a los visitantes y la entrada es gratuita, aunque se agradece una donación para apoyar los proyectos de conservación.
Esnórquel y vida submarina
Bajo la superficie del agua, las Galápagos ofrecen un ecosistema marino de rara complejidad. La convergencia de diferentes corrientes oceánicas — la fría Corriente de Humboldt proveniente del sur y la cálida Corriente de Panamá del norte — crea condiciones que apoyan una biodiversidad excepcional. Durante el esnórquel en las aguas cercanas a la isla de Santa Cruz o de San Cristóbal, es común encontrarse con tortugas verdes marinas, tiburones de aleta negra de arrecife, mantas raya y bancos de peces tropicales coloridos.
Los leones marinos de las Galápagos (Zalophus wollebaeki), endémicos del archipiélago, son los compañeros de nado más frecuentes y juguetones. Los cachorros en particular tienden a imitar los movimientos de los buzos, acercándose con una curiosidad que puede resultar casi conmovedora. Las mejores sesiones de esnórquel se realizan por la mañana temprano, cuando el agua está más tranquila y la visibilidad es mayor.
Consejos prácticos para visitar las Galápagos
El acceso al archipiélago se realiza en avión desde Quito o Guayaquil hacia los aeropuertos de Baltra (cerca de Santa Cruz) o San Cristóbal. Al momento de la llegada, es obligatorio pagar la tasa de entrada al Parque Nacional, que asciende a 100 dólares para los turistas extranjeros (tarifa actualizada a 2024). Cada visitante también debe adquirir una tarjeta de tránsito (INGALA) que cuesta aproximadamente 20 dólares.
El mejor período para visitar las Galápagos depende de los intereses: de diciembre a mayo el mar es más cálido y tranquilo, ideal para el esnórquel; de junio a noviembre las corrientes frías traen más nutrientes, favoreciendo la observación de ballenas y tiburones martillo. En cualquier caso, se recomienda reservar tours y alojamientos con al menos tres o cuatro meses de anticipación, especialmente para los viajes en barco (liveaboard), que permiten alcanzar las islas más remotas y menos concurridas.