Bajo los pies, el terreno se balancea ligeramente. No es una sensación de peligro, sino de algo vivo: las Islas de los Uros en el Lago Titicaca están construidas enteramente con capas de totora comprimida, la caña de río que crece espontáneamente en las aguas del lago. Caminar sobre estas islas flotantes es como moverse sobre un colchón gigante, elástico y húmedo, que se mueve con el agua subyacente.
El Lago Titicaca se encuentra a aproximadamente 3.810 metros sobre el nivel del mar, en la frontera entre Perú y Bolivia, y es considerado el lago navegable más alto del mundo. Las islas de los Uros se encuentran a pocos kilómetros de la ciudad de Puno, accesibles en barco en aproximadamente 30-40 minutos desde el puerto principal. El pueblo Uros vive en estas estructuras flotantes desde hace siglos, en una forma de aislamiento geográfico y cultural que ha permitido la supervivencia de tradiciones constructivas únicas.
Cómo están construidas las islas
Cada isla está formada por capas superpuestas de raíces de totora secas, llamadas killi, que funcionan como base flotante. Sobre esta plataforma se añaden continuamente nuevas capas de cañas frescas, porque la parte inferior se descompone lentamente en el agua. Los habitantes deben añadir material nuevo cada pocas semanas para mantener la estructura. Las islas más grandes pueden albergar a varias familias y medir decenas de metros de diámetro.
Las viviendas, los muebles, los barcos en forma de dragón utilizados para el turismo e incluso algunas torres de vigilancia están construidos con la misma caña. La totora no solo sirve como material de construcción: también se consume como alimento, en su parte interna blanca y tierna, con un sabor ligeramente dulce y acuoso. Los niños de las islas la comen como un bocadillo, y los visitantes pueden probarla durante las visitas guiadas.
La vida cotidiana de los Uros
Las comunidades Uros que aún viven de manera estable en las islas son numéricamente reducidas en comparación con el pasado. Muchos miembros de la comunidad se han trasladado a Puno o a otras ciudades, pero algunas familias mantienen la residencia permanente en las islas, practicando la pesca, la caza de aves acuáticas y la artesanía textil. Las mujeres producen tejidos coloridos y objetos en miniatura en forma de isla o barco, que se venden a los turistas como souvenirs.
La electricidad ha llegado a algunas islas gracias a paneles solares instalados en las últimas décadas, y algunas familias disponen de televisores y teléfonos celulares. Este contraste entre la tradición constructiva milenaria y la tecnología contemporánea es uno de los aspectos más interesantes de observar durante la visita: una antena parabólica colocada en un techo de totora cuenta mucho sobre la transformación en curso.
Dormir en la isla
Algunas familias ofrecen la posibilidad de pernoctar en la isla en estructuras muy simples, durmiendo en colchones en cabañas de cañas. La experiencia es auténtica pero espartana: no hay baños con desagüe tradicional, el frío nocturno a gran altura puede ser intenso incluso en verano, y la luz disponible es limitada. Quien elige esta opción debe estar preparado para un confort mínimo y para interactuar directamente con los miembros de la familia anfitriona, a menudo a través de una guía que actúa como traductor.
El costo del alojamiento varía según el acuerdo con la familia y la agencia involucrada, pero generalmente se trata de cifras accesibles. El aspecto más valioso no es el confort, sino la posibilidad de ver el amanecer sobre el Titicaca desde la isla, con la niebla que se eleva del agua y el silencio casi total que precede el despertar de la comunidad.
Consejos prácticos para la visita
El puerto de Puno desde el cual salen los barcos hacia las islas de los Uros se encuentra en el centro de la ciudad. Los primeros barcos salen alrededor de las 6:30-7:00 de la mañana, y visitar las islas en las primeras horas se recomienda para evitar la multitud de tours organizados que llegan en masa entre las 9:00 y las 11:00. La entrada a las islas implica el pago de una tasa que va directamente a las comunidades locales, generalmente incluida en el costo del transporte en barco.
Llevar ropa en capas es fundamental: la altitud hace que el aire esté frío incluso cuando el sol es fuerte, y el viento en el lago puede bajar significativamente la temperatura percibida. La crema solar de alta protección es indispensable porque a casi 4.000 metros la radiación UV es mucho más intensa que a nivel del mar. Finalmente, es preferible llevar agua propia y algunos bocadillos, ya que las opciones alimentarias en las islas son limitadas y los precios tienden a ser más altos que en tierra firme.