En el corazón de Múnich, un misterioso relato se entrelaza con la historia de la ciudad: la leyenda de La Huella del Diablo, o Der Teufelstritt. Esta fascinante historia se remonta a 1468, cuando el arquitecto Jörg von Halspach emprendió la ambiciosa tarea de construir una nueva catedral. En su búsqueda de financiamiento, hizo un pacto con el Diablo, quien prometió proveer los fondos necesarios con la condición de que el edificio fuese una celebración de la oscuridad, con la peculiar característica de no tener ventanas que dejaran entrar la luz.
La construcción de la catedral fue un desafío monumental, y von Halspach, al finalizar su obra, llevó al Diablo para inspeccionar su trabajo. A primera vista, el interior parecía cumplir con el trato: no había ventanas visibles. Sin embargo, cuando el Diablo dio un paso más, las columnas que ocultaban las ventanas se abrieron, revelando la luz del día. Furioso por haber sido engañado, el Diablo estampó su pie en el suelo, dejando una huella indeleble que se puede ver en el Viktualienmarkt, un enclave gastronómico cercano.
La catedral, conocida como Frauenkirche, es un magnífico ejemplo de la arquitectura gótica bávara. Su imponente fachada y las torres gemelas que se elevan a 99 metros son un símbolo icónico de Múnich. La catedral no solo es un lugar de culto, sino que también alberga obras de arte significativas, como los frescos de Michaeli Geyer y los impresionantes vitrales que adornan sus muros. La mezcla de estilos arquitectónicos, desde el gótico hasta el renacentista, enriquece aún más el legado artístico de este lugar.
La cultura local está profundamente arraigada en tradiciones que se celebran a lo largo del año. Uno de los eventos más destacados es el Oktoberfest, el festival de cerveza más grande del mundo, que atrae a millones de visitantes cada otoño. Durante este festival, los lugareños y turistas se reúnen en enormes carpas para disfrutar de la música tradicional, la danza y, por supuesto, la cerveza, que es parte esencial de la identidad bávara. Además, las celebraciones de la Navidad, con sus mercados llenos de luces y aromas de especias, crean un ambiente mágico en la ciudad.
Cuando se trata de gastronomía, Múnich ofrece una rica variedad de sabores que reflejan su herencia cultural. Platos típicos como el pretzel (Brezn) y el Schweinshaxe (codillo de cerdo) son imprescindibles. La cerveza, elaborada por las muchas cervecerías locales, es una parte integral de cualquier experiencia culinaria en la ciudad. No se puede dejar de probar una Weißwurst, una salchicha blanca que se sirve tradicionalmente con mostaza dulce y un pretzel.
Más allá de la leyenda del Diablo, Múnich está llena de curiosidades. Un hecho menos conocido es que la Frauenkirche tiene una historia de adaptaciones y transformaciones, habiendo sobrevivido bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial. En su interior, se pueden encontrar los restos de la antigua cripta de los duques de Baviera, un lugar cargado de historia y misterio. Además, el famoso Viktualienmarkt, donde se encuentra la huella del Diablo, es un mercado que ha estado funcionando desde el siglo XIX, donde los locales compran productos frescos y especialidades locales.
Para los visitantes que deseen explorar Múnich, el mejor momento para visitar es durante la primavera y el otoño, cuando el clima es templado y las multitudes son más manejables. Es recomendable comenzar el recorrido en la Marienplatz, el corazón de la ciudad, y luego dirigirse a la catedral para observar la famosa huella del Diablo. Otros puntos de interés incluyen el Palacio de Nymphenburg y el Englischer Garten, uno de los parques urbanos más grandes del mundo.
Recuerda llevar calzado cómodo, ya que explorar Múnich implica caminar por sus encantadoras calles empedradas y disfrutar de cada rincón. También es aconsejable probar las cervezas en las cervecerías al aire libre para sumergirse en la cultura local.
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