El sendero parte de Villa O'Higgins, al final de la Ruta 40, y sube entre bosques de lenga — el haya austral de la Patagonia — hasta que los árboles se abren a una superficie de agua que parece pintada. El Lago del Desierto se encuentra a unos 37 kilómetros al norte de El Chaltén, en el corazón de la Patagonia argentina, y su nombre no es una metáfora: aquí el silencio es tan denso que parece una presencia física. Pocos lagos en el mundo logran devolver reflejos tan nítidos de las montañas circundantes, y este es uno de ellos.
Con aproximadamente 15 kilómetros de longitud y rodeado de bosques casi intactos de Nothofagus pumilio — la lenga que en otoño austral se tiñe de rojo y naranja — el lago ocupa un valle excavado por los glaciares a lo largo de milenios. Sus aguas, alimentadas por el deshielo de los glaciares del Campo de Hielo Sur, el segundo campo de hielo extrapolar más grande del mundo después de la Antártida, tienen un tono que oscila entre el verde esmeralda y el gris pizarra dependiendo de la luz y la estación. No es un efecto fotográfico: es la sedimentación glacial la que colorea el agua de manera natural.
Cómo se llega al lago y cuánto tiempo se necesita
Desde El Chaltén, el pueblo fundado por Argentina en 1985 — en parte para afirmar la soberanía sobre un territorio en disputa con Chile — se toma un camino de tierra hacia el norte. Es posible llegar a la entrada del sendero en auto o con uno de los servicios de traslado que salen de la ciudad. Desde allí, el trekking principal bordea el lago durante aproximadamente 4 kilómetros a lo largo de la costa oriental, con un desnivel modesto que lo hace accesible incluso para quienes no tienen experiencia en montañismo. El recorrido completo, ida y vuelta, requiere entre 4 y 6 horas a un paso tranquilo.
Como alternativa, existe un servicio de barco que recorre el lago de sur a norte, permitiendo llegar a la costa septentrional y desde allí continuar hacia la frontera chilena. Esta opción es particularmente apreciada por quienes desean combinar el trekking con una travesía lacustre, pero los horarios del barco varían estacionalmente y conviene verificar la disponibilidad con anticipación en las oficinas de turismo de El Chaltén. El consejo práctico más importante: partir antes de las 8 de la mañana, porque el viento patagónico — el famoso viento que enloquece — tiende a intensificarse por la tarde, haciendo el camino más agotador y los reflejos en el agua menos perfectos.
Qué se ve a lo largo del recorrido
El sendero atraviesa zonas húmedas donde crecen ñires y calafate, el arbusto silvestre de frutos morados que según la leyenda local garantiza el regreso a Patagonia a quienes los prueban. A lo largo de la orilla del lago se encuentran playas de guijarros grises donde es posible detenerse en total soledad — una rareza en comparación con los senderos más concurridos alrededor del Fitz Roy, que se encuentran a menos de 30 kilómetros en línea recta. La diferencia de afluencia entre los dos lugares es notable: mientras que los senderos del Fitz Roy pueden contar con cientos de excursionistas al día en la alta temporada, en el Lago del Desierto se camina a menudo solo durante horas.
Hacia la parte norte del lago, el glaciar Vespignani desciende de las laderas de la cordillera y se asoma al agua. El frente glaciar no es tan imponente como el del Perito Moreno, pero su posición aislada lo hace aún más sugestivo: es posible observarlo de cerca sin infraestructuras turísticas de ningún tipo, solo roca, hielo y agua. Los sonidos del hielo que se asienta — crepitaciones y estallidos repentinos — se escuchan claramente en los días de calma.
Cuándo ir y qué llevar
La mejor temporada va de noviembre a abril, con el pico entre diciembre y febrero cuando los días duran hasta 17-18 horas. Septiembre y octubre son meses de transición con nieve aún presente en los senderos, mientras que en marzo y abril la lenga comienza a cambiar de color, ofreciendo paisajes cromáticamente espectaculares. La entrada al área es gratuita, pero es necesario registrarse en el Parque Nacional Los Glaciares antes de partir — la oficina se encuentra en El Chaltén y el registro requiere pocos minutos.
En la mochila no deben faltar capas térmicas incluso en verano, porque la temperatura puede bajar diez grados en menos de una hora con la llegada del viento, y una chaqueta impermeable es indispensable. El agua del lago y de los arroyos laterales es potable tras filtración, pero conviene llevar al menos dos litros de casa. No existen refugios a lo largo del camino principal, ni puntos de restauración: el Lago del Desierto ha permanecido exactamente como su nombre promete, un lugar alejado de todo, donde la Patagonia muestra aún su rostro más auténtico.