La carretera de Trapani a Marsala, que bordea la laguna que alberga Mozia, está bordeada de salinas que ofrecen una hermosa vista: las láminas de agua divididas por finas franjas de tierra forman un tablero de ajedrez irregular y multicolor. A veces, la silueta de un molino de viento aparece en el centro, un recordatorio de la época en que era una de las principales herramientas para bombear agua y moler sal. El espectáculo es aún más impresionante en verano, en la época de la cosecha, cuando las tonalidades rosadas del agua de las distintas cuencas se intensifican y las cuencas más internas, ya secas, brillan al sol. Una historia antigua - La explotación de la zona costera entre Trapani y Marsala se remonta a la época de los fenicios que, al darse cuenta de las condiciones extremadamente favorables, plantaron allí cuencas para extraer sal, que luego se exportaba a toda la cuenca mediterránea. Fue el comienzo de la explotación sistemática de esta porción de tierra, bañada por aguas poco profundas y caracterizada por temperaturas a menudo elevadas y por condiciones climáticas (ante todo el viento que favorece la evaporación) especialmente adecuadas para la extracción de este precioso elemento, indispensable para la vida humana.