Un gran remolino se forma dentro de un cuenco acrílico de 18 metros de diámetro y cae dos pisos hasta una piscina situada debajo. La obra, realizada en colaboración con el arquitecto Moshe Safdie, funciona a la vez como claraboya y colector de lluvia. El agua de lluvia se recicla en el remolino y también llena un canal que atraviesa el atrio. Las bombas que dirigen el agua al cuenco se encienden y apagan varias veces por hora, de modo que el remolino cambia siempre de forma e intensidad. En los momentos de mayor caudal, caen por el atrio 8.000 galones por minuto y 200 toneladas de agua se arremolinan en el cuenco. La integración de la obra de arte en los sistemas estructurales y mecánicos del edificio requirió una amplia labor de prototipado e ingeniería. Terminada en 2011.