Escondidos tras la Catedral, como si guardaran un secreto de siglos pasados, se encuentran los Jardines de la Francesa — o Los Jardines de la Francesa. Es uno de esos lugares mágicos que uno no espera encontrar y, una vez que lo hace, no quiere marcharse.
Se cree que el nombre procede de una noble francesa que vivió en el cercano Palacio Episcopal y de la que se dice que paseaba por aquí cada mañana, ensimismada entre cipreses y muros de piedra, con vistas que se extienden por los tejados de Girona.
¿Por qué visitarlo?
No es sólo un jardín; es un momento de quietud, suspendido entre el cielo y la piedra. A pocos pasos de la grandiosidad de la Catedral, el ambiente cambia: más suave, más tranquilo, casi íntimo. Los setos están bien cuidados, los bancos son acogedores y la brisa desprende aroma a romero y lavanda.
Un lugar para fotógrafos y soñadores
A los fotógrafos les encantará el juego de luces y sombras, especialmente a primera hora de la mañana o justo antes del atardecer. A través de los arcos y las balaustradas, podrá encuadrar tomas perfectas de la ciudad vieja, o simplemente capturar la serena geometría del propio jardín.
Y si lo visita en mayo durante Temps de Flors, toda la zona se convierte en una instalación de arte floral viviente, rebosante de colores, texturas e imaginación.
La Girona secreta, en su máxima expresión
Sea usted un viajero solitario que busca sentarse a dibujar, una pareja en busca de un banco tranquilo o un explorador curioso en busca de rincones ocultos, los Jardines de la Francesa ofrecen una pausa atemporal en su viaje por Girona.
Respira hondo aquí. Escuche el silencio. Deja que la belleza centenaria de la ciudad te bañe y llévate un trocito de ella contigo.