Los antiguos mayas fueron una población asentada en Mesoamérica donde desarrollaron una civilización conocida por su arte, arquitectura, sistemas matemáticos y astronómicos refinados, y la escritura, el único sistema conocido de escritura plenamente desarrollado en las Américas precolombinas. La civilización maya se desarrolló en una zona que abarca el actual sudeste de México, Guatemala y Belice, así como las partes occidentales de Honduras y El Salvador. Esta región está formada por las llanuras septentrionales, que incluyen la Península de Yucatán, las tierras altas de la Sierra Madre, que se extienden desde el estado mexicano de Chiapas hasta todo el sur de Guatemala y luego El Salvador, y las llanuras meridionales de la costa del Pacífico. La intensa investigación arqueológica y el desciframiento de numerosos textos jeroglíficos han permitido dibujar un cuadro extraordinariamente detallado de la sociedad y la historia de los mayas. Se creía que era un pueblo pacífico de agricultores dispersos en los campos alrededor de grandes centros ceremoniales y dirigidos por la élite religiosa, esencialmente dedicada al culto y a la especulación astronómica-matemática. Se ha comprobado en cambio que los M. llegaron a formar verdaderos Estados centralizados, gobernados por soberanos hereditarios y en frecuente conflicto entre ellos: la gran parte de las inscripciones que quedan nos recuerdan los acontecimientos dinásticos y las hazañas bélicas.
Al igual que las numerosas culturas altas de Mesoamérica, también la maya tiene sus raíces en la civilización de los llamados olmecas, surgida alrededor del siglo XIII a.C. en la parte norte del Istmo de Tehuantepec y que se extendió en los 8 siglos siguientes en el altiplano de México y a lo largo de la costa del Pacífico hasta Guerrero a N y Guatemala a S. Fue precisamente por los olmecas que el primer pueblo maya, ya dedicado a la agricultura primitiva y dotado de cerámica desde el 2º milenio a.C., indudablemente tomó prestada la base del calendario y la escritura jeroglífica.