En los brumosos bosques de Sintra, Portugal, se encuentra un lugar extraño y misterioso llamado Quinta da Regaleira. Alberga un espectacular palacio construido en 1904 por un hombre llamado António Augusto Carvalho Monteiro, que plasmó en sus muros y pozos su fascinación por el ocultismo, la masonería y la alquimia. En su espectacular arquitectura se esconden símbolos del rosacrucismo, los templarios y los masones. Los pozos son dos túneles excavados en la tierra, el mayor de casi 30 metros de profundidad, que terminan en un suelo de baldosas con una brújula y una cruz templaria. Una escalera de caracol desciende por las paredes del pozo, con nueve niveles de 15 peldaños, que representan los nueve niveles del Infierno del Infierno de Dante. Se cree que estos "pozos de iniciación" se utilizaban para realizar ritos y rituales de iniciación masónica, aunque no se sabe nada con certeza sobre su finalidad. Desde lo alto del pozo, uno contempla las fosas de la tierra; desde el fondo, se ve la luz del sol que brilla en la superficie. Regresar a la tierra de la que procedemos y resurgir a la luz del frío abrazo de la oscuridad. Sólo puedo imaginar la energía y el misterio de estar en un lugar como Quinta da Regaleira.