En el Piamonte, Macugnaga es probablemente uno de los ejemplos más importantes de pueblos Walser. Se trata de una población de origen germánico que emigró al actual Valais en la Edad Media, fundando una serie de comunidades en torno al Monte Rosa, en zonas de montaña no contaminadas y libres de cualquier influencia en aquella época. En el pequeño municipio piamontés, situado a los pies de la majestuosa cara este del Monte Rosa, junto a la Chiesa Vecchia en la aldea de Staffa, se puede ver un árbol muy antiguo, un tilo que vigila la iglesia y a los transeúntes. Según la leyenda, el árbol fue llevado en un viaje y plantado allí donde se iba a construir el nuevo asentamiento, como símbolo inmutable de la historia y del crecimiento de la población. Bajo las ramas del imponente árbol se encuentra lo que, a primera vista, podría parecer un banco. En realidad, es la mesa donde los ancianos de la aldea se reunían para tomar decisiones importantes para la comunidad y donde se firmaban los contratos, con el propio árbol como testigo. Justo debajo del viejo tilo, cada año, a mediados de julio, termina la procesión de San Bernardo. Ya en la Edad Media era una fiesta muy importante para el pueblo, ocasión en la que se reunían todas las comunidades de Walser de la Rosa, cada una con su traje, para representar la fuerza de su unión. Hoy, alrededor del árbol se bendicen las cuerdas, el pan y las herramientas de los montañeros, y se ofrecen regalos en señal de agradecimiento; una fiesta que tiene el poder de hacer retroceder a la gente en el tiempo, impresionarla y unirla hoy como lo hizo entonces. Además del árbol, en Macugnaga se encuentra el caserío de Isella, una aldea walser que ha permanecido prácticamente intacta, como lo demuestran el horno comunal y la pequeña iglesia central.