El olor llega antes que nada: chiles secos, limón recién exprimido, caldo de pollo que hierve sobre llamas de gas. El Mercado 28 de Miraflores, en el distrito homónimo de Lima, se anuncia a los sentidos mucho antes de que los ojos puedan distinguir los mostradores bajo las chapas onduladas del techo. Aquí no hay letreros en inglés, no hay menús plastificados con fotos para turistas. Hay mujeres con el delantal manchado de ají amarillo que llaman a los clientes por su nombre, y hombres que transportan cajas de papas moradas a las seis de la mañana.
El mercado se encuentra en el corazón residencial de Miraflores, uno de los distritos más adinerados de la capital peruana, y sin embargo conserva un carácter popular y obrero que contrasta con los centros comerciales y los restaurantes gourmet de la zona. No es un mercado para visitantes: es un mercado que funciona, cada día, para quienes viven cerca. Esta es exactamente la razón por la que vale la pena ir.
Los colores de los chiles y la geometría de las especias
Los mostradores de la sección de frutas y verduras son una lección de botánica peruana aplicada. Perú es uno de los países con la mayor biodiversidad de chiles en el mundo, y en el Mercado 28 esta variedad se manifiesta en filas ordenadas de conos coloridos: el rocoto rojo y carnoso, el ají amarillo naranja brillante que es la columna vertebral de la cocina limeña, el ají panca burdeos casi seco, el mirasol amarillo pálido. Las vendedoras los exponen con un cuidado casi estético, sabiendo que el cliente elegirá también con los ojos.
Junto a los chiles, las papas ocupan un espacio considerable: Perú cuenta con más de tres mil variedades de papa nativa, y en el mercado se encuentran decenas, desde la papa amarilla de pulpa amarilla y mantequillosa hasta la papa huayro de piel irregular. Los sacos están abiertos, las papas sobresalen en los mostradores de madera desgastada, y basta preguntar para recibir una explicación sobre cómo cocinarlas. Pocos turistas se aventuran en esta sección, lo que la hace aún más auténtica.
Las cocinas del mercado: ceviche y chicha morada
La parte más viva del Mercado 28 es la zona de puestos de comida, las pequeñas cocinas a la vista que ocupan el perímetro interno. Aquí, en fogones de gas dispuestos sobre mostradores de acero inoxidable, se preparan platos que cambian con la hora del día. Por la mañana temprano dominan el pan con chicharrón y el tamal. Hacia las once comienza el servicio del ceviche: pescado fresco cortado en cubos, limón, ají amarillo, cebolla roja, cilantro. Todo preparado al momento, sin refrigeración artificial, porque el pescado llega fresco cada mañana del mercado pesquero.
La chicha morada — la bebida morada preparada con maíz morado, canela, clavos de olor, manzana y piña — se sirve en vasos de plástico o en grandes jarras de vidrio apoyadas sobre los mostradores. No es alcohólica, a diferencia de la chicha de jora fermentada, y es refrescante de una manera diferente a cualquier bebida industrial. El color es un morado intenso, casi morado-negro, que mancha los labios. Cada vendedora tiene su receta, con proporciones ligeramente diferentes de especias.
Las personas: el mercado como espacio social
En el Mercado 28 también se viene a estar. Las señoras del barrio se detienen a charlar entre una compra y otra, los niños esperan sentados en los escalones mientras las madres negocian el precio del pescado, los trabajadores de las obras cercanas comen de pie en la barra de la cocina. El mercado funciona como un espacio de socialidad densa, donde las relaciones entre vendedores y clientes son a menudo de larga data — años, a veces décadas.
Los vendedores más ancianos recuerdan cómo era el mercado antes de que Miraflores se convirtiera en el distrito comercial que es hoy. Hablan de cuando los precios eran diferentes, de cuando el barrio tenía un carácter más mixto. Estas conversaciones, si se tiene la paciencia y el mínimo de español para sostenerlas, valen tanto como cualquier guía turística.
Información práctica para la visita
El mejor momento para visitar el Mercado 28 es entre las 8 y las 11 de la mañana, cuando la actividad está en su máximo y los productos frescos aún son abundantes. Por la tarde, muchos puestos comienzan a vaciarse y algunas cocinas cierran. El mercado está abierto todos los días, incluidos los festivos, aunque el domingo la oferta es reducida. Para llegar, la forma más cómoda es tomar un taxi o un servicio de ride-hailing como Cabify o InDriver directamente a Miraflores — el distrito está bien conectado con el centro de Lima y el área de Barranco. Lleve soles en efectivo: muy pocos vendedores aceptan tarjetas de crédito. Una comida completa en el puesto de la cocina — ceviche, chicha morada, cancha — difícilmente supera los 15-20 soles, equivalentes a unos pocos euros. Evite llevar mochilas voluminosas en los pasillos más estrechos: el espacio es limitado y la cortesía hacia quienes trabajan también se expresa en no obstruir.