
En el corazón de Bagdad, a lo largo de la ribera occidental del Tigris, se encuentra uno de los archivos materiales más extraordinarios de toda la civilización humana. El Museo Nacional de Irak — comúnmente llamado Museo de Irak — alberga hallazgos que cubren más de diez mil años de historia mesopotámica, desde las primeras culturas neolíticas hasta la época islámica medieval. No se trata de un museo cualquiera: sus salas contienen objetos provenientes de Sumeria, Acadia, Babilonia, Asiria y de las civilizaciones que hicieron de Mesopotamia el lugar donde nacieron la escritura, el código de leyes y la agricultura organizada.

El museo fue fundado en 1923, durante el período del mandato británico, por iniciativa de la directora Gertrude Bell, la célebre orientalista y diplomática británica que contribuyó de manera decisiva a la formación del estado iraquí moderno. Bell comprendió antes que muchos otros la importancia de preservar el patrimonio arqueológico local, a menudo saqueado o exportado al extranjero. Su visión llevó a la creación de una institución que, a pesar de décadas de guerras y crisis políticas, sigue siendo el principal guardián de la memoria material de la Media Luna Fértil.
Las colecciones y las obras maestras que no te puedes perder

Las salas del museo están organizadas cronológicamente y por área geográfica. Entre las piezas más significativas se encuentra la Cabeza de Akkad, un fragmento escultórico en bronce que data del período acadio (alrededor de 2300-2200 a.C.), considerado uno de los retratos realistas más antiguos de la historia del arte. La extraordinaria elaboración del metal, con los detalles de la barba trenzada y los ojos originalmente incrustados de piedras preciosas hoy desaparecidas, es visible de cerca en una de las salas dedicadas a la Mesopotamia septentrional.
Igualmente importante es la sección dedicada a Ur, con materiales provenientes de las excavaciones realizadas por Leonard Woolley en las décadas de 1920 y 1930. Entre estos destacan los objetos funerarios de la llamada Tumba de la Reina Puabi, que vivió alrededor de 2600 a.C.: tocados de oro y lapislázuli, arpas decoradas, jarrones de electro. Cada pieza cuenta un ritual funerario de extraordinaria complejidad para la época. La sala sumeria es probablemente la que requiere más tiempo y atención durante la visita.
El saqueo de 2003 y la recuperación de las obras
En abril de 2003, durante y después de la invasión americana de Irak, el museo sufrió uno de los saqueos más devastadores de la historia cultural contemporánea. Miles de objetos fueron robados — las estimaciones hablan de más de 15.000 piezas sustraídas, aunque el número exacto sigue siendo objeto de debate entre los expertos. Entre los objetos desaparecidos se encontraba el Vaso de Warka, uno de los más antiguos artefactos narrativos en piedra caliza del mundo (alrededor de 3200-3000 a.C.), que luego fue recuperado parcialmente en condiciones dañadas.
El museo permaneció cerrado durante varios años después del saqueo, reabriendo parcialmente en 2015 gracias a un largo trabajo de restauración y recuperación internacional, con el apoyo de la UNESCO y de numerosos gobiernos e instituciones culturales. Muchos objetos han sido devueltos por Estados Unidos, Jordania y otros países. Algunas salas aún muestran las marcas de este trauma: paneles explicativos señalan los vacíos en las colecciones, convirtiendo la visita también en una reflexión sobre la fragilidad del patrimonio en tiempos de conflicto.
La experiencia de la visita: qué esperar
El museo ocupa un edificio de estilo neoclásico con amplios patios interiores donde se exhiben relieves monumentales y estatuas de gran tamaño. Las salas interiores están climatizadas, lo que representa un alivio considerable durante los meses de verano iraquíes, cuando las temperaturas en Bagdad superan regularmente los 45°C. La señalización está en árabe y en inglés, y algunas salas cuentan con paneles descriptivos detallados, mientras que otras son más escasas en la información contextual.
Una visita completa requiere al menos tres horas, pero quienes deseen profundizar en las secciones sumeria, asiria y babilónica deberían calcular una mañana entera. El museo está abierto al público, aunque los horarios pueden variar según la situación de seguridad local: se recomienda verificar las condiciones actualizadas antes de planificar la visita a través de la embajada de su país o fuentes diplomáticas confiables. El acceso generalmente está permitido con acompañantes locales o guías autorizadas.
Consejos prácticos para quienes visitan
El consejo más útil para quienes desean visitar el Museo de Irak es llegar en las primeras horas de la mañana, preferiblemente entre las 9 y las 10, cuando las temperaturas aún son tolerables y la afluencia es menor. Llevar agua y algunos bocadillos es recomendable, ya que los servicios internos del museo son limitados. La fotografía generalmente está permitida en las salas, pero siempre es apropiado pedir confirmación al personal de vigilancia antes de tomar fotos.
Desde el punto de vista logístico, el museo se encuentra en el barrio de Al-Salihiya, cerca de la Plaza Tahrir. Llegar en taxi o con un conductor privado es la solución más práctica para los visitantes extranjeros. Dada la complejidad de la situación de seguridad en Irak, es indispensable consultar las advertencias de viaje actualizadas del Ministerio de Asuntos Exteriores italiano antes de organizar cualquier desplazamiento en el país.
