Con la Santa Pascua las conmemoraciones y los ritos sagrados se mezclan con colores, olores y sabores, en una fiesta del gusto que, del norte al sur de Italia, permanece ligada al simbolismo cristiano, a los territorios y productos de su tierra y de la que el tortano napolitano, con su relleno de grasa, representa una síntesis perfecta entre lo sagrado y lo profano.Con la preparación del tortano napolitano, en definitiva, anuncia el final de una Cuaresma, que duró cuarenta larguísimos días y en cuya masa se funden religión y magia, pasado y presente, sagrado y profano: el pan, por tanto, para proclamar con alegría la resurrección del Señor, el despertar de la naturaleza y el gozo de poder volver a ceder a las seducciones de la garganta.casatiello y tortano los mismos ingredientes: Harina, agua, sal y una pizca de levadura para que la masa se levante toda la noche, protegida por un paño de lana. Por la mañana, los otros ingredientes: manteca de cerdo, chicharrones, salami, tocino, queso pecorino, pimienta.
Son precisamente los huevos los que marcan la diferencia entre la receta del casatiello - tradicionalmente considerado la característica rústica de la Pascua - y la muy similar receta del tortano, que se consume todo el año.
Una diferencia que es básicamente la cocción: en el casatiello los huevos se cocinan enteros en el horno, terminando por adquirir el inconfundible sabor del "huevo asado"; mientras que en el tortano se hierven y se cortan en rodajas, distribuidas junto con el salami y los cubitos de queso en la masa extendida en láminas.