Son 370 islas -rocas más, rocas menos- y son un espectáculo para la vista y para el corazón: el archipiélago de San Blas, en la costa oriental de Panamá, es un conjunto paradisíaco de tierras que emergen del mar Caribe, bañadas por aguas de color topacio que contrastan con la blancura de las playas, salpicadas de cabañas de madera y paja y de escasos alojamientos ecológicos. Se puede llegar al archipiélago en velero o en avión -sólo 20 minutos- desde la capital, Ciudad de Panamá, y se puede explorar en pequeñas embarcaciones, acompañados por los patrones del Playón Chico, punto de partida de las excursiones, o por los indios kuna en sus piraguas (cayucos) que gestionan el territorio y la recepción, preservando el entorno y las tradiciones. Sólo cincuenta de ellas están habitadas por unas 30.000 personas en total, y entre las más populares están: la isla de Narganà, también conocida como isla de Yandup, con sus playas bordeadas de palmeras y su arena de consistencia de polvos de talco, popular entre los surfistas, y la cercana Corazón de Jesús, conectada por una pasarela. A pocos kilómetros se encuentra la Isla Tigre, un pequeño islote para explorar en kayak y la isla más auténtica, donde la gente sólo lleva ropa tradicional. A pocos minutos de navegación se encuentra la isla de Diadup, una tierra fascinante cubierta de manglares y de una luminosidad casi cegadora. Otra isla importante con un pequeño aeropuerto -en realidad hay doce- es El Porvenir, en el extremo occidental del archipiélago, donde también se encuentra el museo Kuna. Un poco más al sur se encuentra una pequeña isla, Wichub-Huala, que cuenta con el lodge más elegante y reconocido del archipiélago y es también el mejor lugar para conocer la cultura kuna. En la pequeña isla adyacente de Corbisky, existe incluso la posibilidad de ser acogido por una familia local. Se trata de islas en su mayoría vírgenes, en las que todavía se puede vivir la naturaleza de forma auténtica y en las que a veces incluso se puede asistir a actos folclóricos kuna, que en raras ocasiones permiten a los extranjeros ver a los kuna albinos, considerados príncipes guerreros de gran prestigio. Durante estos actos, le recibe un torbellino de colores y sonidos. Los trajes tradicionales de las mujeres, la famosa mola, de tela decorada a mano, son preciosos. San Blas es un paraíso para los amantes del mar y del mundo subacuático: los arrecifes de coral del archipiélago ofrecen inmersiones inolvidables y buceo por doquier. El mejor lugar para visitar los fondos marinos sin necesidad de bucear es la Isla de los Perros, un pequeño islote de coral cuyo fondo marino es accesible a todo el mundo gracias a la transparencia del mar, que invita a cualquiera a sumergirse sin miedo. Los que gustan de relajarse al sol tienen a su disposición una playa blanca con cocoteros, mientras que los que prefieren las aventuras submarinas pueden nadar hasta el pecio sumergido de un carguero colombiano de los años 40 y ver pasar decenas y decenas de mantarrayas. (por Ida Bini - Ansa)