El Teatro Solís es uno de los más antiguos e importantes de Sudamérica. Su nombre se debe al navegante que descubrió el Río de la Plata, el español Juan Díaz de Solís. Sin embargo, a lo largo de la historia, ha tenido diferentes nombres y denominaciones como "del Progreso, del Sol...". Se inauguró en 1856, pero no se completó hasta los veinte años siguientes, cuando se terminaron los laterales. Desde entonces, la sala ha acogido espectáculos de todo tipo, desde ópera a lírica, desde teatro a conciertos... numerosas actividades en un lugar único de singular belleza e impresionantes dimensiones. El diseño original de Carlo Zucchi fue adaptado a las necesidades económicas y financieras de un país en guerra por el arquitecto Francisco Javier De Garmendia, responsable del diseño final. Hay varias similitudes con los teatros italianos: su fachada principal recuerda mucho al teatro "Carlo Felice" de Génova, mientras que la sala donde se celebran las representaciones es muy parecida a la de la Scala de Milán, por su particular forma elíptica. La decoración interna es similar a la de un teatro menos conocido que los dos anteriores: el Metastasio de Prato. En cuanto a la estructura interna, la del Teatro Solís no difiere de la típica de los teatros de ópera.