
El hielo cruje bajo los pies con un sonido sordo y profundo, mientras el horizonte se abre a una extensión blanca que parece no tener límites. El Parque Nacional del Vatnajökull, establecido en 2008 y ampliado en 2019 hasta cubrir aproximadamente el 14% del territorio islandés, está dominado por el glaciar homónimo: con una superficie de más de 8.100 kilómetros cuadrados, es el más grande de Europa y uno de los más extensos del hemisferio norte. Caminar sobre esta masa de hielo que en algunos puntos alcanza un grosor de 900 metros es una experiencia que reduce cualquier sentido de escala humana.
Lo que hace que este parque sea realmente singular no es solo la dimensión, sino la convivencia de fuerzas geológicas opuestas. Bajo el glaciar se encuentran volcanes activos, entre ellos el Grímsvötn, que erupcionó más recientemente en 2011, y el Bárðarbunga, protagonista de una larga erupción entre 2014 y 2015. Esta tensión permanente entre calor volcánico y masas glaciares crea paisajes que no existen en ningún otro lugar de la Tierra, incluidas las célebres cuevas de hielo que se forman cada invierno en las entrañas del glaciar.
Las cuevas de hielo: un mundo azul bajo el glaciar
Las cuevas que se abren en la lengua glacial del Vatnajökull, en particular en la zona de Jökulsárlón y del glaciar Breiðamerkurjökull, deben su color eléctrico a un fenómeno físico preciso: el hielo comprimido durante siglos absorbe todas las longitudes de onda de la luz visible excepto el azul, que se refleja hacia el exterior. El resultado es una luz difusa y surrealista, casi artificial, que envuelve las paredes curvas de las cavidades. Las cuevas cambian de forma cada año porque el agua de fusión veraniega las excava y las modifica, haciendo que cada temporada invernal sea una experiencia diferente a la anterior.
Dentro de las cuevas es posible observar las rayas oscuras que atraviesan el hielo: son capas de ceniza volcánica depositadas por erupciones ocurridas hace siglos, una especie de archivo geológico visible a simple vista. Cada franja oscura corresponde a un evento eruptivo específico, y los glaciólogos las utilizan como referencia cronológica para datar la formación del hielo.
Fauna y biodiversidad: la vida en los márgenes del hielo
La fauna del parque se concentra sobre todo en las áreas costeras y en las zonas donde el hielo se encuentra con el agua dulce y salada. La laguna glacial de Jökulsárlón, donde los bloques de hielo se desprenden del glaciar y flotan lentamente hacia el mar, es uno de los mejores lugares en Islandia para avistar focas grises (Halichoerus grypus), que a menudo descansan sobre los icebergs a la deriva. No es raro verlas deslizarse al agua con indiferencia mientras los turistas las fotografían a pocos metros de distancia.
En los acantilados a lo largo de la costa sur del parque anidan colonias de frailecillos (Fratercula arctica), reconocibles por su pico de color naranja y su vuelo torpe pero preciso. Más arriba, en las zonas de brezal y lava musgosa que rodean el glaciar, se avistan a menudo renos reintroducidos en el territorio islandés en el siglo XVIII y que hoy están presentes en pequeños grupos en la región oriental del parque. El paisaje vegetal, aunque dominado por musgos, líquenes y arbustos enanos, alberga una biodiversidad adaptada a condiciones extremas de temperatura y viento.
El paisaje volcánico: donde la tierra aún respira
La región de Landmannalaugar, en los márgenes occidentales del parque, ofrece uno de los paisajes geológicos más cromáticamente intensos de Islandia: las montañas de riolita asumen tonalidades que van del amarillo ocre al rojo ladrillo hasta el verde esmeralda, coloreadas por los minerales y la actividad geotérmica. Las fuentes termales naturales que emergen del suelo permiten bañarse en agua a aproximadamente 37-40°C incluso con temperaturas externas bajo cero, un contraste físico que difícilmente se olvida.
En el área de Askja, accesible a través de las Tierras Altas islandesas, se encuentra la caldera volcánica con el lago Öskjuvatn, uno de los más profundos de Islandia. Junto a él, el pequeño cráter Víti contiene agua geotérmica de color blanco lechoso, rica en azufre, en la que se puede sumergir. La NASA ha utilizado esta zona para entrenar a los astronautas del Apolo en los años sesenta, considerándola el lugar en la Tierra más similar a la superficie lunar.
Consejos prácticos para visitar el Vatnajökull
Las cuevas de hielo son accesibles exclusivamente de noviembre a abril, cuando las bajas temperaturas las hacen estables y seguras. Las excursiones guiadas parten principalmente del pueblo de Höfn o del centro de visitantes de Jökulsárlón, situado a lo largo de la Ring Road (Ruta 1), la carretera principal que circunnavega la isla. Los tours guiados a las cuevas cuestan en promedio entre 80 y 150 euros por persona y duran aproximadamente tres horas; es obligatorio reservar con anticipación porque los lugares se agotan semanas antes. Para caminar sobre el glaciar es indispensable confiar en guías certificadas: aventurarse solo en un glaciar activo, con grietas ocultas y superficies inestables, representa un riesgo real y documentado.
Quien visita el parque en verano puede acceder a las Highlands y al área de Askja, accesibles solo con vehículos 4x4 de alto perfil porque las carreteras de tierra cruzan vados fluviales sin puentes. El período entre junio y agosto garantiza luz hasta la medianoche, permitiendo excursiones prolongadas, pero excluye el acceso a las cuevas de hielo. Cada estación revela una cara diferente del mismo territorio.
