Situada a los pies del Monte Corvino y dedicada al proto-mártir San Esteban, la abadía de Valvisciolo conserva evidentes huellas del paso de los Templarios. Según la tradición, fue fundada en el siglo VIII por los monjes basilianos de San Nilo, ya activos en Grottaferrata. En la segunda mitad del siglo XII los monjes cistercienses se establecieron allí, aportando cambios sustanciales a la estructura original, convirtiéndola en una perfecta abadía gótica cisterciense. Los templarios se establecieron allí entre los siglos XII y XIV, como lo demuestra la cruz templaria cerca del rosetón y otros rastros menos conocidos. En el interior, la iglesia está dividida en tres naves divididas por pilares y columnas, siguiendo fielmente los cánones cistercienses que no contemplaban adornos arquitectónicos ni pinturas o frescos, para poder concentrarse sólo en la espiritualidad. Más tarde, la abadía se convirtió en la iglesia familiar de la familia Caetani, por lo que debemos a Enrique Caetani y a Honorato IV la