El complejo religioso había sido construido sobre las ruinas de una iglesia erigida en 1580 en honor a Nuestra Señora de Porto Salvo precisamente. Esta construcción original fue demolida unos doscientos años después para dar cabida a los astilleros de Castellammare di Stabia. Gracias a sus propiedades, el agua de la Virgen mantiene inalteradas sus características organolépticas a lo largo del tiempo, por lo que en el pasado era utilizada por los marineros que se disponían a emprender largas travesías, tomándola directamente del manantial que también daba al mar. Precisamente por el uso que se le daba, también se llamaba agua de los marineros. En 2014, los grifos del agua de la Madonna y del agua acidulada se cerraron durante varios meses debido a las numerosas denuncias de residuos contaminantes encontrados en las fuentes de la Via Duilio. Tras los análisis y las obras de mantenimiento de las tuberías encargadas por el municipio, volvió a ser posible utilizar estas aguas especiales, que siguen considerándose entre las más saludables del mundo.