Llamada la Venecia del Norte, Brujas o Brugge es una maravillosa ciudad cercana a la costa belga, atravesada por un laberinto de canales navegables que serpentean entre una fascinante arquitectura gótica. Brujas, la capital de Flandes Occidental, es sencillamente de cuento: el centro histórico, incluido por la UNESCO en la lista del Patrimonio de la Humanidad, está rodeado por un foso ovalado que sigue el trazado de las antiguas y ya desaparecidas fortificaciones medievales y es un torbellino de pintorescas calles empedradas que conectan encantadoras plazas dominadas por iglesias históricas y antiguos edificios con frontones escalonados. Una de las zonas más famosas de Brujas es sin duda el Beghinage. Este nombre hace referencia a un conjunto de pintorescos edificios que en su día estuvieron habitados por las beghine, cofradías de mujeres laicas. Estas mujeres, viudas tras las Cruzadas y temiendo por su seguridad, solían reunirse en los beghinages.
Se trata de hermandades laicas que respetan los valores católicos de la obediencia y la castidad, pero que permiten a las mujeres que las integran mantener el control sobre su propio patrimonio. El beguinaje de Brujas, formado por treinta casas blancas, fue fundado en 1245 por Margarita de Constantinopla, condesa de Flandes. Las beguinas ya no están allí desde 1928, en su lugar viven hoy monjas benedictinas.
En el interior del beghinage, además de las casas, hay una iglesia y un patio. De las 1500 beguinas que vivieron en Bélgica hasta hace un siglo, hoy sólo queda una, en Kortrijk.