Cerca de uno de los núcleos del centro moderno de la ciudad, cerca de la Piazza Dante, se encuentra una isla medieval de especial encanto. Recorrer la corta cuesta pavimentada del histórico vico dritto di Ponticello es atravesar una zona llena de monumentos, una especie de pequeño paseo por la historia de Génova. Ciertamente, las obras de reestructuración urbana que tuvieron lugar en la zona durante las primeras décadas del siglo pasado han cambiado su aspecto, pero nos queda una especie de "condensado" evocador. Entre la Edad Media y el descubrimiento de las Américas, casi podemos tocar uno de los períodos más fértiles y fascinantes de la historia y el arte de la ciudad. Subiendo las escaleras, a la derecha, se encuentra la casa donde vivió Cristóbal Colón de niño, cuando tenía entre cuatro y nueve años: es un pequeño pero denso monumento dedicado al explorador más importante de la historia. El edificio se construyó en lo que era el barrio de los comerciantes de lana en el siglo XV, en dos niveles: el superior, donde se desarrollaba la vida familiar, y la planta baja, donde su padre, Domenico Colombo, trabajaba como "scardassiere", o cardador y desenredador de lana. En las primeras décadas del siglo XX, durante las intervenciones que cambiaron el trazado urbano de la zona, se colocó junto a la casa el bello claustro de Sant'Andrea, procedente del complejo conventual medieval que se levantaba en la colina del mismo nombre, situado a poca distancia.