No hay que ser un jugador empedernido para visitar el Casino de Montecarlo aunque, hay que admitirlo, después de visitar sus magníficos salones nueve de cada diez veces puede que quieras hacer una apuesta en las tragaperras o sentarte en la mesa de juego. Evidentemente no en todas partes, ya que como todos los casinos de cierto rango hay espacios dedicados exclusivamente a jugadores experimentados o a personajes de la jet set internacional celosos de su privacidad. En cualquier caso, sólo el exterior es suficiente para convertirlo en la principal atracción de Monte Carlo. De hecho, lo que más llama la atención es que, a pesar de la continua innovación en el sector, el ambiente, en muchos sentidos, ha seguido siendo el de finales del siglo XIX, cuando Carlos III de Mónaco (de ahí el nombre del barrio) decidió fundar un casino para reponer las arcas públicas. El estilo de la belle époque impregna el magnífico atrio, el Salone Renaissance con su colección de máquinas tragaperras, la Salle Europe, la Salle Rosa, la Salle Blanche, hasta la hermosa Salle Medecine, con su escenario cinematográfico. Y, hablando de cine, vale la pena recordar el estrecho vínculo entre el Casino de Monte Carlo y el séptimo arte: desde Golden Eye, uno de los capítulos más famosos de la saga de James Bond, hasta Ocean's Twelve, secuela de Ocean's Eleven, rodada en Las Vegas.