Mientras que China ha sido reconocida como la cuna del ancestro del acordeón, el "tcheng", de 4.500 años de antigüedad, Italia es la cuna del instrumento tal y como lo conocemos hoy. Aunque la patente del acordeón fue registrada en 1829 por Cyrill Demian en Viena, fue en Italia donde el instrumento, también conocido como acordeón, experimentó su mayor periodo de evolución cuando, en Castelfidardo, en la provincia de Ancona, Paolo Soprani se dio cuenta de su potencial adaptándolo a los gustos y estilos musicales de la zona y de la época. La historia italiana del acordeón comenzó en 1863 en Castelfidardo, en la provincia de Ancona, gracias al extraordinario ingenio de Paolo Soprani, considerado el padre de este instrumento en Italia. En el establo y el granero de la granja donde vivía la familia Soprani, abrió un taller. Las primeras armónicas fueron vendidas directamente por el emprendedor Paolo en las ferias y mercados de las ciudades cercanas, especialmente en Loreto, lugar de encuentro de peregrinos, gitanos, vendedores ambulantes y comerciantes. El instrumento fue recibido con gran interés y se extendió a otras regiones, y las solicitudes se multiplicaron. Debido a la necesidad de espacio, Paolo se separó del grupo familiar, subió a la ciudad de Castelfidardo y abrió una fábrica, mientras que su hermano Pasquale se trasladó a Recanati. Paolo Soprani, con su obra, contribuyó a la transformación cultural de esta zona de las Marcas, creando una riqueza impensable para una economía que había permanecido ligada a la agricultura durante siglos. Hoy en día, los acordeones se siguen fabricando de la misma manera que hace 150 años, un poco a máquina y mucho a mano. El departamento más importante es el de carpintería. Aquí se hace la caja de resonancia, es decir, se definen las dimensiones finales del instrumento. En los acordeones se utilizan entre tres y cuatro maderas principales: caoba, haya y abeto. Cada caja cruda se revisa a mano. Hay dos cajas de resonancia: el diapasón se inserta en una y los botones de los bajos en la otra (la llamada mecánica). La preparación del diapasón es una operación compleja y meticulosa. Pero el corazón del acordeón es el fuelle, que es accionado por el músico para introducir el aire necesario para hacer vibrar las lengüetas que producen el sonido. En esencia, todo es un trabajo minucioso: de cuatro a cinco horas de montaje y desmontaje continuos, tratando con mecanismos pequeños y muy precisos. Cada instrumento es una pieza única, una auténtica obra maestra, inconfundible, inalterable, que conquista a los músicos más prestigiosos.Situado en el sótano del ayuntamiento, en evocadoras salas del siglo XVII, se encuentra el Museo Internacional del Acordeón, el instrumento musical que tiene en la ciudad de Castelfidardo, desde hace más de un siglo, el mayor centro de producción. La colección se compone de unos 350 ejemplares, todos diferentes entre sí.