El garbanzo fue una de las primeras plantas que se cultivaron. Se adapta perfectamente a las tierras pobres, áridas y pedregosas, sin estancamiento de agua o fertilización excesiva. El garbanzo (Cicer arietinum) es una planta herbácea de la familia de las Fabáceas. El nombre deriva del latín cicer y arietinum del parecido que tienen las semillas con el perfil de la cabeza de un carnero. Probablemente nuestro garbanzo, deriva del garbanzo silvestre Cicer reticulatum. Esta especie silvestre se originó en Turquía alrededor del 5000 A.C., y la primera evidencia arqueológica de su cultivo se encuentra en Irak, que se remonta a la Edad de Bronce. Entre 1580 y 1100 A.C., hay evidencia escrita de la presencia de garbanzos en Egipto. Se utilizaban principalmente para alimentar a los esclavos, porque eran una fuente de energía y les permitían trabajar incluso en los días más agotadores. Incluso los griegos creían que los garbanzos daban poder, de hecho el nombre griego para los garbanzos era kikus, que significa fuerza. En la Roma Imperial, las familias nobles usaban los nombres de las legumbres como apellidos. Los garbanzos fueron usados para darle a Cicerón su apellido, porque uno de sus ancestros tenía una verruga en forma de garbanzo en su nariz. El garbanzo de Grosseto tiene una forma redonda irregular, un color claro, es duro y pequeño. Se produce de marzo a agosto y se utiliza en sopas o como harina para productos horneados.