Palazzo Valguarnera Gangi, un palacio aristocrático que aún está "vivo", una auténtica joya situada en el corazón de la antigua Palermo. Para mirarlo desde fuera se necesita una gran imaginación para poder imaginar lo espléndido que es por dentro. En la Piazza Croce dei Vespri, en el barrio de Kalsa, la fachada principal del Palazzo Valguarnera Gangi destaca en toda su grandeza, y por la gran magnificencia de sus salas, la completa conservación del mobiliario interior y su extraordinaria grandiosidad de distribución, puede considerarse uno de los palacios más representativos del barroco tardío de Palermo. La historia documentada del palacio comienza a mediados del siglo XVIII, cuando el príncipe Pietro Valguarnera, miembro de una de las familias más prestigiosas de la aristocracia siciliana, de origen español, decidió, para gloria y grandeza de su familia, ampliar y reconfigurar en formas cortesanas, su palacio en el piso de la Misericordia, antes llamado piso de Guzzetta. Para la realización de su residencia, el príncipe se dirigió a artistas de clara fama, entre los que se encontraba un joven y brillante arquitecto de Trapani, Andrea Gigante. Al cruzar el vestíbulo de entrada se abre la espectacular "ENFILADA" de las habitaciones, donde se sorprende la magnificencia de los preciosos muebles, el refinamiento y el capricho de las decoraciones, los muebles, los tapices bordados y el considerable número de objetos, vidrios y porcelanas (una verdadera pasión de la aristocracia) tan refinados y raros.Pasando por el Salón Rojo (en el siglo XVIII era costumbre llamar a las salas por el color predominante de la tapicería) y el Salón Celeste, se llega al gran salón de baile, espléndido por su magnífico mobiliario, con sofás, consolas, sillas talladas, paredes decoradas, boiseries, puertas pintadas en oro puro y espejos de época que reflejan elegantes adornos. Pero lo que más llama la atención es el originalísimo techo calado, una estructura arquitectónica atrevida atribuida al genio de Gigante e inspirada por el gusto barroco más pintoresco. Este techo tenía que dar efectos fantásticos, sobre todo cuando se encendían las grandes lámparas de velas de cristal de Murano, de las cuales la central de 102 brazos, proviene del "renombrado taller de Briati". Todo este conjunto de maravillas redundantes, no tiene comparación en ningún otro salón del siglo XVIII siciliano, y expresa el espíritu y el gusto de una época. En esta galería el director Luchino Visconti quiso rodar la inolvidable secuencia del baile de la película "El Leopardo".