Su evocador aspecto, con el estanque poblado de capuchinas acuáticas, nomeolvides de pantano, cisnes y patos, y con la miríada de colores de los sauces y los cipreses-palmeras reflejados en la límpida lámina de agua, ha inspirado a pintores, poetas y escritores desde la antigüedad, como Plinio el Joven, Virgilio, Corot, Byron y Giosuè Carducci, que los consagró en su famosa oda. En recuerdo de la visita del poeta en 1910, hay una estela de mármol esculpida en bajorrelieve por Leonardo Bistolfi, acompañada de un epígrafe de Ugo Ojetti.
Las Fonti del Clitunno se alimentan de manantiales subterráneos que brotan de las fisuras de la roca y que, con su abundancia, formaban en la antigüedad un río navegable hasta Roma, a lo largo de cuyas orillas se levantaban santuarios, villas y baños.
Considerado sagrado por los romanos, que venían aquí a consultar el oráculo del dios Clitunno y a realizar ritos religiosos, como demuestra la presencia más abajo del Tempietto di Clitunno (posteriormente transformado en una pequeña iglesia paleocristiana dedicada a San Salvador, que conserva antiguos frescos), muchas vetas de las aguas del río se dispersaron tras el gran terremoto del año 440. Más tarde, reguladas al pasar por debajo de los Marraggia, las Fonti adquirieron su aspecto actual en la segunda mitad del siglo XIX por el conde Paolo Campello della Spina.
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