La iglesia que se puede admirar hoy es el resultado de las obras realizadas en el siglo XVI y ampliadas en el siglo XVIII. La fachada es magnífica por su exquisito portal renacentista, ricamente decorado, que concluye con un gran rosetón decorado con una serie de putti que sostienen volutas y motivos de sarmientos y racimos de uva. El interior de la iglesia, de tres naves (que se convirtieron en cinco en el siglo XVIII), tiene una planta de cruz latina con dos grandes capillas, una dedicada al patrón de la ciudad, San Gregorio Magno, y la otra a la Santísima Trinidad. Apoyado en una columna de la nave se encuentra otro monumento significativo: un maravilloso púlpito de nogal, fechado en 1608, de un autor hasta ahora desconocido. La majestuosidad de la iglesia se ve acentuada por la escalera que conduce al presbiterio con el ábside adornado por nada menos que 18 estatuas doradas. En el exterior de la iglesia, se puede admirar el campanario que consta de cinco pisos marcados por cornisas. La torre es rica en estatuas y máscaras: en la parte superior, cerca de la cornisa que divide el tercer y el cuarto piso, son claramente visibles los símbolos de los cuatro evangelistas, el ángel (San Mateo), el león (San Marcos), el toro (San Lucas) y el águila (San Juan).