La Cueva es muy antigua. Entre los siglos XI y XIV se utilizó como puesto de guardia del castillo y la corte del Barón. En el exterior queda un portal coronado por un arco y, en la clave, el bajorrelieve de un Cristo que el juez arruinó por el tiempo, con la inscripción "salvador". Entre los siglos XV y XVI se convirtió en una iglesia de roca. El engorde que daba en la plaza se derrumbó en el terremoto de 1805, y la habitación se cerró con una ventana. Excavó una segunda entrada, la cueva se convirtió en una vivienda, un establo, un almacén, un vertedero. También fue utilizado por la población como un refugio de los bombardeos. En 1977, a propuesta del párroco Don Orlando di Tella, el voluntariado de los pietracupesi la recuperó como iglesia. Una piedra de molino se convirtió en el altar y sobre ella estaba suspendido un antiguo crucifijo sin brazos encontrado en la cueva entre la basura, no restaurado deliberadamente ("Mis brazos son tú"). Alrededor del altar, los bancos en círculo recuerdan una intensa visión comunitaria.