Cien campanadas lentas que cada tarde resuenan en las montañas, en la colina de Miravalle, frente a Rovereto y el valle de Lagarina: es el sonido de la Campana de María Dolens para los caídos, símbolo del fin de la guerra y de la paz redescubierta. Fabricado en 1924 fundiendo el bronce de los cañones de las naciones beligerantes, desde entonces ha difundido su mensaje universal de hermandad. La historia de la campana recuerda la del propio Trentino, una tierra fronteriza largamente disputada, que ha dejado atrás los escombros del pasado convirtiéndose en un dinámico laboratorio de coexistencia y diálogo, pero sin renunciar nunca al deber de la memoria. Con una altura de 3,36 metros y un diámetro de 3,21 metros, es la campana más grande del mundo que suena, y la cuarta más grande en términos de peso (más de 226 quintales). Se han colocado tribunas a su alrededor para albergar conmemoraciones. .