Una personalidad del siglo XX, absolutamente fuera de lo común, fue Dalí. Hablaba de sí mismo en tercera persona y afirmaba despertarse cada mañana con una agradable conciencia: que era Salvador Dalí. Su arte refleja perfectamente su ser original. Exponente del surrealismo, pero también del dadaísmo y del simbolismo, La persistencia de la memoria es una de sus obras más famosas. Hacia el borde posterior del macizo, un esbelto tronco muerto se eleva hacia el cielo y una de sus ramas sostiene otro reloj que cuelga hacia abajo. En el suelo, un ser monstruoso compuesto por un gran ojo cerrado, con largas pestañas, cejas y una lengua que sobresale, lleva otro reloj como una grupa. Hacia el fondo del espacio representado, se abre una lámina de agua. A la derecha, varias pilas avanzan hacia el agua. A la izquierda, en cambio, se pinta un plano geométrico que se desplaza hacia la orilla. El cielo está claro y sin nubes. Fue creada en 1931 y es una lucha contra el tiempo: la memoria es lo único que puede interrumpir el flujo incesante de los acontecimientos.