Las berenjenas fritas se han convertido en un plato típico cordobés presente en todas las guías de viaje y en las cartas de los restaurantes y tabernas del casco histórico. Se comen como si fueran pipas y hay auténticos adictos. Si pasas por allí, ya sabes que no pueden faltar en tu mesa. Los cordobeses, apasionados de este plato, viven una especie de guerra civil soterrada y gastronómica que divide a las familias, a las parejas y a los grupos de amigos en dos bandos irreconciliables: los de las berenjenas fritas con miel (de caña) y los de las berenjenas fritas sin miel, servidas solo en su particular tempura. Últimamente, la miel se pone aparte, para que no corra la sangre entre los dos bandos y aún así, existen disputas porque no es lo mismo que se funda la miel con la berenjena caliente que rociarla en frío. La guerra está servida.Pero es que, además, en los últimos tiempos ha surgido un nuevo grupo alentado por los foodies extranjeros que cada vez son más numerosos en la ciudad: los de las berenjenas fritas mojadas en salmorejo , que van ganando adeptos a gran velocidad.