La historia cuenta el largo y agitado viaje del tomate, que, desde el otro lado del océano, desde las montañas de Gua-temala desembarcó, junto con otros tubérculos y especias, en Padania tras viajar en las bodegas de los galeones de Herman Cortés, conquistador del imperio azteca. Recibido con gran desconfianza por gobernantes, científicos y eclesiásticos, que, desconociendo su fuerte contenido vitamínico, tachaban al tomate de fruta maligna. El comienzo de su fortuna se remonta al siglo XVII, gracias a la familia Este, los duques de Parma, que hicieron distribuir gratuitamente las semillas a los agricultores. Estos últimos, antes de trasplantarlos a campo abierto, los calentaban en viejos cubos entre el heno al calor de los establos. Y, cuando Europa se vio sacudida por la Revolución Francesa, la baya roja ya florecía entre los verdes huertos de las colinas de Parma. Sin embargo, en el libro "The Tomato: An Ancient Wisdom" (El tomate: una sabiduría ancestral) se afirma que no fue hasta 1902, en Fiano, una localidad situada entre Nocera, San Marzano y Sarno, cuando la "Pomme d'amour" se convirtió en San Marzano. Delicia para los gourmets, pro-función para los domingos de los ricos y los pobres. Comidas marcadas por el rojo de la salsa que cubría el blanco de la pasta de los molinos de Gragnano y Torre Annunziata como una lava embriagadora. Las familias campesinas la cuidaban, la mimaban como a un niño y la criaban en las características hileras, suspendidas con estacas y sostenidas por cañas o alambres de hierro, en medio de un rico follaje que protegía los frutos rojos de los rayos del sol. La extraordinaria biodiversidad del tomate S. Marzano se debe a la tierra caliente del Vesubio. En esencia, King Tomato sólo pudo presumir de tal nombre cuando se convirtió en S. Marzano. Es el resultado de un admirable cruce entre tres variedades que, a principios del siglo XX, estaban muy extendidas en Sarno y la zona del Agro: Fiascona, Fiaschella y Re Umberto. Después de cuarenta años, este verano tuvimos una de las mayores satisfacciones en el campo. Los agricultores Sabato Sirica y Eugenio Napoletano, de San Valentino Torio, a tiro de piedra de Fiano, nos mostraron entre las hileras verdes cargadas de oro rojo, el San Marzano que se encuentra junto al agua del manantial de Santa Marina. Esta agua, procedente de la cuenca del Lavorate, pura y fría como antaño, regaba los semilleros de tomates, plantados en la misma tierra donde había nacido San Marzano un siglo antes. Tras el reconocimiento de la Denominación de Origen Protegida (DOP) en 1996 por la Unión Europea, se creó el Consorcio S. Marzano (junio de 1999).
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