Venecia siempre ha sido una ciudad amante del vino: en una época el agua era escasa -había que recoger el agua de lluvia en pozos-, por lo que el vino era a menudo más barato y saludable (el agua de lluvia no era del todo pura). Por supuesto, existía un floreciente comercio en torno al vino, concentrado en la zona del mercado de Rialto, donde los topónimos nos ayudan a encontrar rastros del mismo. En el Gran Canal, cerca de la parroquia de San Salvador está la Riva del Vin, y la cofradía de vendedores estaba en esta misma iglesia. Había muchos oficios relacionados con el vino, por ejemplo el de los boteros, quienes fabricaban los barriles para almacenar y transportar el preciado líquido. En la parroquia de San Canciano se encuentra la calle dei Boteri, pero no sólo: en el Campo Rialto Novo, frente a San Giacometto, hay relieves esculpidos en los pilares de los arcos que representan los símbolos de varias artes, entre ellos un barril, porque éste era el almacén que utilizaba la cofradía de los Boteri, cuya sede estaba frente a la iglesia de los jesuitas (en la zona de Fondamente Nove), como recuerda el nombre de la plaza. Quizás el rastro más increíble que este antiguo comercio ha dejado en la zona se encuentra en la calle dell'arco, en el número 456: la parte inferior de la puerta está ligeramente ensanchada, para que los barriles pudieran pasar. Una última curiosidad: los Boteri estaban obligados a reparar gratuitamente los barriles en la corte del Dux.