Arquímedes había comprendido antes que nadie cómo el poder de reflexión de los espejos podía intensificar la luz solar natural. Pero si el ingenioso inventor griego lo utilizó para incendiar las naves de los romanos durante el asedio de Siracusa, en un pequeño pueblo del Piamonte lo utilizan para no quedarse a oscuras. Viganella es un grupo de casas en el valle de Antrona, bajo los Alpes Peninos. Y al igual que muchos municipios de este valle, sufre un problema: las montañas que hay sobre él lo oscurecen durante 86 días al año, del 11 de noviembre al 2 de febrero. La culpa es de la Cresta della Colma, la montaña de 2.000 metros de altura tras la cual el sol se esconde durante este periodo del invierno, dejando a Viganella a oscuras y con un frío glacial. Pero no desde hace unos años: en 2006, el ex alcalde Pierfranco Midali, con la ayuda del arquitecto Giacomo Bonzani y el ingeniero Emilio Barlocco, devolvió el sol a Viganella gracias a un enorme espejo reflectante colocado en la ladera de la montaña. Una idea que el siracusano tuvo hace más de dos mil años y que la tecnología moderna ha perfeccionado, con un coste de 100.000 euros. Un panel de 40 m² que, gracias a un software interno, sigue la luz del sol y la proyecta sobre el pueblo. Con los consiguientes beneficios para la cosecha y la salud de sus habitantes. Viganella es el único pueblo sobre la faz de la tierra que ha adoptado este sistema, que en su momento atrajo la curiosidad de periodistas de todo el mundo. Y todavía hoy atrae a los turistas, ya que sirve de ejemplo de cómo la tecnología combinada con el poder de la naturaleza sólo puede beneficiar al ser humano.