Se encuentra en la parte alta del centro histórico de Portoferraio, en la terraza natural formada por las colinas sobre las que se levantan los fuertes mediceos Stella y Falcone. Se asoma a un alto acantilado, por encima de la playa de Viste, con un hermoso panorama del mar abierto.
El edificio se levanta en el interior de uno de los baluartes del perímetro fortificado de la ciudad, que debía batirse por ese lado, ya bien protegido por el citado acantilado. La zona tomó el nombre de Mulini, precisamente porque aquí se construyeron cuatro molinos de viento, gracias también a la abundante ventilación, indispensable para las necesidades de una fortaleza. A la llegada de Napoleón, ya no existían, pues habían sido demolidas unos años antes por las autoridades francesas. Napoleón se encargó personalmente del mobiliario y de la decoración. Informado por uno de sus fieles de que su hermana Elisa, La Baciocca como la llamaban en la Toscana, había huido de Piombino para refugiarse en casa de Murat, envió hombres que llevaron a cabo la retirada de los muebles, el desmontaje de los postigos y los suelos con la mayor facilidad, dejando irónicamente incluso un recibo del interdicto general Starhengerg.
Un golpe de fortuna le ayudó entonces a completar el mobiliario: Napoleón se enteró de que un barco, resguardado por una tormenta en el golfo de Porto Longone, contenía los enseres de Camilo Borghese, el ilustre príncipe romano, esposo de Paulina Bonaparte, pero ahora efectivamente separado, que se refugiaba en Roma. "¡Bah!" Napoleón arrugó las manos, "¡todo esto no sale de la familia!"
Por desgracia, el mobiliario original ha desaparecido.