En la Basílica de San Pedro, Gian Lorenzo Bernini fue el director artístico de una gran obra, de la que también formaba parte Francesco Borromini, que creó innumerables obras de arte, entre ellas el Baldacchino. Esta obra maestra monumental de gran dificultad técnica, dada su base arquitectónica cuadrada y su ejecución puramente escultórica, puede considerarse el manifiesto del arte barroco. Está situada justo en la tumba de San Pedro y fue diseñada a petición del Papa Urbano VIII. Los primeros elementos que llaman la atención del observador son las columnas de bronce retorcidas, de 11 metros de altura. Las columnas están decoradas en oro con motivos fitomórficos y están coronadas por capiteles compuestos con pulvinus, que dan un mayor impulso a la composición; el capitel compuesto es de invención romana y contiene las volutas jónicas y las hojas de acanto típicas del orden corintio. Las bases, en cambio, son de mármol policromado y en ellas se representan las distintas fases del parto, siempre con referencias naturalistas, como lagartos y abejas.El entablamento es cóncavo, no recto, como es típico del Barroco. Las cuatro columnas están unidas por una franja de festón que, dada la destreza en el trabajo del bronce, parece ser un verdadero tejido, movido por el viento. La parte superior tiene una magnífica voluta de "lomo de delfín", llamada así por su movimiento flexible, diseñada, según se cree, por Borromini. El baldaquino está coronado por cuatro estatuas de ángeles en las esquinas y por unos putti que, además de sostener los festones, llevan en sus manos las llaves de San Pedro y la corona papal. Todas las esculturas están cromáticamente embellecidas con dorados. En un lado se puede ver un putto que eleva al cielo el enorme cuerpo de una abeja invertida, como recuerdo del encargo de la obra: la abeja era, de hecho, el símbolo de los Barberini, la familia de origen del Papa Urbano VIII. En la parte superior de la composición se encuentra el globo terráqueo con la cruz.